Vuelo raso en Islas

¿Quién es Miguel Concepción?

22/10/2012

Cuando Miguel Concepción comprendió la envergadura del negocio aéreo, ya era tarde. Islas Airways resultaba demasiado costosa para la cuenta de explotación, muy mediatizada por las subvenciones del Estado. Pero la quiebra de la aerolínea, que ha suspendido pagos, no es solo el primer gran fracaso de este palmero de tesón; amenaza todo su grupo empresarial.
Miguel Concepción Cáreces nació en Los Llanos de Aridane hace 59 años y desde que cumplió 23, ha volcado su sagacidad en convertir a la matriz Sociedades Agrupadas de Canarias en una seña de la inversión isleña, con 20 filiales en edificación, servicios, aerolínea, deportes y comunicación (Canal 11 y 4).
Asumió desde muy joven el negocio de camiones y la firma auxiliar de construcción de su padre, fallecido repentinamente, y se prometió a sí mismo que los 100 empleados que heredaba, tendrían el futuro garantizado. «Visionario» para sus simpatizantes y «demasiado aventurero» para sus detractores, Miguel Concepción se mudó a Tenerife en 1983 para fundar Transformaciones y Servicios (Traysesa), una firma que en 2011 facturó 35 millones de euros con un patrimonio declarado de 88 millones.
Intuitivo, discreto e introvertido con los ajenos, Concepción se abrió paso en una sociedad empresarial compleja como es Santa Cruz de Tenerife, alérgica a inversores externos en actividades como la licitación pública.
Apenas se ha escrito su biografía. No aparece ni en Wikipedia, la enciclopedia virtual. Confía sus decisiones a unos pocos y sus dos hijas, Eloísa y Verónica, son el apoyo más firme con el que cuenta en estas horas bajas de vuelo rasante.
Antes de 2005, Concepción pasaba desapercibido para el gran público. Miembro menor del lobby constructor, a Concepción no se le recuerda como enlace del poder político y empresarial, un espacio que copaban con solvencia los tres tenores de Tenerife, Antonio Plasencia, Ambrosio Jiménez e Ignacio González. En 2006, en una comida en el restaurante La Ermita en El Sauzal, Concepción se embriaga de notoriedad. Acude a una comida organizada por Paulino Rivero para promover la viabilidad del CD Tenerife. Las mesas están atestadas de empresarios. Son los años dorados de la economía; el dinero corre a raudales y Rivero ya estaba llamado a presidir el Gobierno regional.
Miguel Concepción asume el reto que brinda Rivero, a quien conoció cuando el dirigente nacionalista fue consejero del Cabildo insular. Los críticos a Rivero han tratado sin éxito de vincularlos más allá de lo institucional; lo cierto es que, aún hoy, ambos se tratan de usted y no existen evidencias de nada.

Los emergentes. Lo único que cunden son los reproches, sobre todo, de la burguesía santacrucera hacia Rivero. A su origen sencillo de El Sauzal se le añade una prerrogativa que los socios del Club Olíver no le pasan por alto: implantar un nuevo cuño de relaciones empresariales, con nombres diferentes y rostros frescos, a los que se incorpora Concepción. Fue un hecho sin precedentes que casi coincidió en el tiempo con el proyecto de empresarios emergentes que José Carlos Mauricio impuso en Gran Canaria.
El peso nacionalista en Madrid quiso que Mauricio y Rivero impulsaran, como diputados de CC en el Congreso en 2002, la venta de Binter  a empresas isleñas en una operación de saldo. Iberia pedía 12.000 millones de pesetas, pero se cerró por 3.000 millones. Hubo equilibrio regional: Rodolfo Núñez controlaba el capital tinerfeño y Pedro Agustín del Castillo lideraba a los inversores de Las Palmas, con la salvedad de que el entonces presidente autonómico, Román Rodríguez, vetó a un importante empresario del Sur grancanario por la moción de censura en San Bartolomé de Tirajana, que desplazó al nacionalista José Juan Santana. 
Canarizada Binter, CC entendió que el cielo isleño necesitaba un segundo operador para diversificar la competencia. De nuevo, Mauricio y Rivero buscaron alternativas. Movieron pieza con los ministros de Aznar, pero se terció la promesa de que la Embajada española en Caracas fuera para el canario Isidoro Sánchez. La presión de los diplomáticos secó a Sánchez, pero a cambio, España y Venezuela compensaron a CC ofreciendo una participación en la aerolínea Santa Bárbara, que conectaba Tenerife con Venezuela. Santa Bárbara alumbra Islas Airways, a la que se incorporan en 2007 Miguel Concepción por Tenerife y el naviero Antonio Armas por Gran Canaria. Pero Armas, que conocía los costes del negocio por su etapa en Líneas Aéreas Canarias, abandona el proyecto. Concepción asume el reto en solitario. Islas llegó a tener el 20% de la cuota regional, con 160 empleados, ocho aviones y 700.000 pasajeros.
A la misma vez casi que Islas, Miguel Concepción triunfa en la obra pública (como la adjudicación de 61 millones para una carretera en La Palma en ute con Sacyr) y se convierte en el primer accionista del CD Tenerife. La dimisión de Víctor Pérez Ascanio lo convierte (en 2007) en presidente del equipo y, todavía hoy, ostenta la mayoría con otro inversor foráneo de éxito en Tenerife, el gomero Pedro Suárez, también promotor.
Concepción apostó fuerte dentro y fuera del campo. Arrebató a los tres tenores el proyecto inmobiliario de Geneto para dar liquidez al club con un crédito de 16 millones de euros de Cajacanarias, aún sin amortizar. El equipo bajó hace dos temporadas a Segunda B, pero Concepción confía en su ascenso, aunque arrastra un pasivo de 36 millones. Sin embargo, toda esa fulgurante carrera de licitaciones, deporte y vuelos se trunca a mediados de 2011 por una denuncia ante Fomento de Binter, que certifica a través de una compra masiva un posible fraude en las bonificaciones al billete (vender por debajo del coste y reclamar el máximo de subvención). El Ministerio le bloqueó las ayudas (12 millones de euros) hasta ahogar la cuenta de explotación de Islas y la Abogacía del Estado remitió el caso a la Fiscalía. La juez instructora del 3 en Tenerife, Carolina Déniz (exviceconsejera de Justicia), ha citado a Concepción como imputado. Si se confirma en sentencia judicial el fraude, el empresario palmero perdería el derecho a las adjudicaciones públicas (limitada hoy por la crisis) y se arriesgaría a un embargo masivo. Por eso, Islas (y quizás Traysesa) acuden a la concursal con un pasivo de 100 millones.