Transgrancanaria 2011

Prejubilación en plena forma

19/02/2011

Recorrer los 123 kilómetros de la Transgrancanaria requiere una preparación física y psicológica importante. El límite para completar el recorrido está en 30 horas, y mucha gente afronta esta aventura con la intención de llegar a la meta, situada junto al Auditorio Alfredo Kraus, y poder contar un sueño que es posible.


Antonio García Artiles, conocido como Tolo, tiene 63 años de edad. Este ingeniero técnico trabajaba en Unelco, en el departamento comercial, y ahora está prejubilado. Siempre el deporte le ha servido como motor para mantener un nivel físico óptimo, aunque reconoce que empezó algo tarde. «Empecé a hacer bicicleta, y de mayor comencé a correr. Realicé muchísimas medias maratones, y cuando estaba a punto de dar el paso a mi primera maratón me inicié en las aventuras de montaña. Mi primera prueba fue hace siete u ocho años, la Transgrancanaria Este-Oeste, de Agaete a Arinaga, de unos 60 kilómetros. Fue una experiencia dura y me di cuenta de que debía entrenar más. Pero fue el primer paso para seguir adelante en este tipo de pruebas, que me sirven para ocupar mi tiempo libre, conservarme bien físicamente y conocer rincones de Gran Canaria verdaderamente increíbles», comenta.


Antonio tiene ya una gran experiencia en la Transgrancanaria. Ha finalizado todas las carreras y aún recuerda, como dato anecdótico, que cuando le indicaba a sus amistades que iba a participar en la prueba de 123 kilómetros de la Trans, «ellos pensaban que lo hacía en bicicleta. Cuando les comentaba la verdad, me decían que estaba loco».
Ahora ultima su preparación para intentar completar el recorrido «en 27 o 28 horas. Desde que estoy prejubilado, mi trabajo es entrenar por las mañanas, combinando sesiones de gimnasio, salidas en bicicleta, rutas cortas y otras largas, sobre todo, los fines de semana». En este tipo de competiciones, y teniendo en cuenta su larga experiencia, Antonio destaca que «la cabeza juega un papel fundamental para lograr los objetivos. Hay que tener muy claro lo que uno puede hacer y lo que no puede hacer, escuchando siempre a tu cuerpo. Nunca hay que dejarse llevar por un ritmo que no es el tuyo, hay que hidratarse en todo momento y aprovechar al máximo los puntos de avituallamiento, y si algo te molesta saber que puedes continuar, pero si algo te duele hay que parar».


La batalla de los 123 kilómetros, que afrontará el próximo día 5 de marzo, la distribuye por etapas. «Tengo varias metas durante la prueba, y el objetivo es llegar a cada una de ellas dentro del tiempo límite. Mi primera meta es Tunte, luego Chira, Las Niñas, Roque Nublo, Garañón, Teror y la meta en Las Palmas de Gran Canaria». Dentro de la magia del recorrido, él destaca «la ruta por las presas; es increíble. La caída del sol por la Cruz de Tejeda es otro momento mágico. Y El Aserrador, lo más duro».


Ha finalizado todas las Transgrancanaria, y durante la carrera lleva en la mochila, al margen del material obligatorio compuesto por una luz delantera, linterna o frontal con batería y bombilla de recambio, luz trasera de color rojo, teléfono móvil, depósito de agua de al menos 2 litros de capacidad, comida suficiente para afrontar la prueba llevando él geles, dátiles, zumos, sandwich en pan suave de jamón cocido y queso, agua y sales, una manta térmica, un vaso de plástico y Antonio añade un mini botiquín «por previsión de posibles contratiempos».


En las competiciones de este tipo «hay tres objetivos. Los que salen a ganar, los que intentan hacer un buen crono y el resto, entre los que me incluyo, que intentamos llegar a meta con mucho sufrimiento y con el doble de tiempo que los primeros», recalca Antonio García. Pero todos tienen el mismo objetivo, desde el primero hasta el último.


Lo que peor lleva en la preparación y en las carreras son las bajadas, «trazados que me tomo con mayor tranquilidad».
Los participantes de la Transgrancanaria de 123 kilómetros, con 8.500 metros de desnivel acumulado, saldrán el viernes día 4 a las doce de la noche desde Playa del Inglés. Y Antonio tiene previsto llegar a Las Palmas de Gran Canaria sobre las tres de la madrugada del sábado al domingo. La soledad de la noche no le inquieta, aunque indica: «Me produce alivio llegar a la vertiente norte donde se vislumbra, con luces al fondo, la llegada a la civilización, y cuando amanece te alegras». Con la mente en pleno funcionamiento, muchas cosas sobrevuelan el pensamiento del corredor, mientras uno lucha en solitario atravesando senderos, caminos y barrancos.


Él tiene claro que «la vida son objetivos y cuando uno se jubila tiene que marcarse ocupaciones, como el deporte, la lectura u obras sociales. La gente quiere cosas nuevas y le gustan los retos personales, cosas que te aportan carreras como ésta. Pienso que el apoyo de las instituciones debe ser fundamental, y que cabildos y ayuntamientos se impliquen de manera decisiva, porque estas pruebas promocionan el deporte al aire libre, atraen mucho turismo, con gente que viene acompañada de familiares, y descubre parajes únicos e increíbles».