Patricia Santana: Tesón para cumplir su sueño

A sus 22 años, esta grancanaria morena, de eterna sonrisa y ganas de triunfar, puede presumir de ser la primera modelo española en silla de ruedas que ha desfilado en la Fashion Week de Nueva York. Patricia Santana (Las Palmas de Gran Canaria, 1993) cumplió así un sueño que perseguía desde que una enfermedad de médula la sentó en una silla de ruedas cuando tenía 11 años. A base de coraje, superación y ganas, esta guapa isleña empezó por todo lo alto en el mundo de la moda y ahora quiere seguir trabajando para consolidarse.

Fue una mielitis transversa, un trastorno neurológico que deriva en la inflamación de la médula, la que le cambió la vida. Ahora, 11 años después, ha dejado atrás todos los malos momentos vividos y disfruta de una nueva vida y un nuevo horizonte profesional orientado al mundo de la imagen.

Su historia se ha ido gestando de manera «super casual», como admite ella misma. «Siempre me decían que era muy guapa y preguntaban por qué no me presentaba a nada, pero yo no quería y me negaba porque estaba en una silla de ruedas y creía que era incompatible», confiesa recordando sus inicios. Patricia un día dejó a un lado los miedos e inseguridades y empezó a buscar y ponerse en contacto con agencias y personas relacionadas con el mundo de la moda. «Un día me contestó una chica que colaboraba con una revista y me hizo una sesión de fotos. A partir de ahí salí en el programa Cerca de Ti, de Televisión Española y empecé a darme a conocer», detalla. Casualmente, en esa época se había presentado a un casting de la Fundación Vertical por Internet y me inscribió pero sin saber apenas para qué era. «Pues en septiembre de 2014 se pusieron en contacto conmigo por correo diciéndome que me habían escogido para ir a la Fashion Week de Nueva York», relata aún emocionada. «Al principio no me lo creí, me emocioné y volví loca, pero a la vez me extrañaba bastante... De repente, un correo sin más, aunque luego nos pusimos en contacto y sacaron los pasajes. Reconozco que hasta que no me subí  al avión no me lo terminé de creer».

Patricia Santana jamás había hecho nada de moda y, de repente, se vio montada en una avión para ir a una de las pasarelas más importantes del mundo: «Estuve en estado de shock todo el viaje. Me decían que me alegrara pero no asimilaba que estuviera en Nueva York». Como anécdota cuenta que le pagaron el hotel y el vuelo pero nada más y tuvo que costearse los desplazamientos, la comida, etcétera y hasta perdió dinero, pero admite que «fue una aventura en todos los sentidos, algo impresionante que repetiría una y mil veces».
El primer día en la Gran Manzana fue de ensayos y apenas hubo preparación... «Me vi sin pensarlo rodeada de top models de todo el mundo, algo impresionante.  Los dos desfiles fueron el 15 de febrero. Fue un día muy caótico, nos levantamos temprano y estuvimos muchas horas sin comer con mucho frío ensayando, maquillándome, peinándome... Alucinaba con todo lo que veía. Modelos profesionales, con cuerpazos, altísimas... y yo entre ellas».

Patricia recuerda ese momento con emoción y se queda con «haber desfilado con ellas, con esas profesionales de la pasarela y que me hayan visto personas de todo el mundo de la moda. El haber empezado por todo lo alto puesto que hay muchas modelos que llevan años trabajando y nunca han desfilado en Nueva York. Yo puedo decir que he sido una de esas afortunadas», dice la «persona más feliz», como ella mismo se considera al haber hecho lo que realmente le gusta.

Tras esa experiencia, Patricia Santana volvió a a Gran Canaria para seguir haciendo moda y además en la actualidad es la imagen oficial de la marca de silla de ruedas Quickie. «Dentro de poco voy a llevar a cabo varios proyectos muy importantes de pasarela y moda fuera de las Islas y estoy preparándome para ello. También eventos en mi Isla», adelanta sin dar más pistas. Todo ello lo seguirá compaginando con sus estudios de auxiliar de enfermería en el centro privado Inforpro. «Estoy en primero y sólo me queda el año que viene. La sanidad es otra de mis grandes pasiones ya que con mi enfermedad pasé muchos años en los hospitales, operaciones, rehabilitación... y esta rama acabó formando parte de mi vida. También me gustaba la moda, el maquillaje, etcétera... pero me decidí por la enfermería, además, porque no podía entrar en los centros de estética porque no eran accesibles», denuncia. Ella iba y venía sin poder acceder y lo pasó muy mal. «Buscaba trabajo y nadie me cogía e incluso ahora sigo en ello, pero no encuentro nada. Aunque el mundo del modelaje me abre una puerta y estoy muy contenta por ello».