Objetivo: reabrir el viejo hotel

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ

Los Berrazales, en el Valle de Agaete, es uno de los lugares más bellos de Gran Canaria. Un sitio ideal para disfrutar de un domingo al sol, con unas vistas de ensueño en días despejados. Y allí se encuentra el hotel Princesa Guayarmina, cerrado desde hace años pero con planes de futuro.

El bello paisaje de Los Berrazales se ha visto en los últimos años deteriorado por el abandono de edificios emblemáticos. Algunos, como el hotel Princesa Guayarmina, cuentan con proyectos a la vista de lo más interesantes. Otros, como el balneario o la planta embotelladora parece que tienen un futuro más incierto. El Ayuntamiento de la villa no es ajeno a la situación de este enclave, con unas grandes perspectivas turísticas.

El alcalde, Antonio Calcines, señala que el hotel Princesa Guayarmina, cuya construcción comenzó en 1929 y se terminó a finales de los años 30 del siglo XX, lleva cerrado unos años, pero sus nuevos propietarios piensan en su pronta puesta en funcionamiento. «El edificio cuenta con una protección total» en el catálogo patrimonial del municipio, por lo que no se puede hacer nada en el inmueble sin los correspondientes permisos. «Ahora mismo el proyecto de reforma y rehabilitación para su posterior puesta en funcionamiento está a la espera de la Cotmac (Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias)». Desde el Ayuntamiento se pide «que la protección sea sólo de la fachada», para así poder modernizar el viejo hotel. La familia Suárez

La historia del hotel Princesa Guayarmina está ligada a la de la familia Suárez, a un visionario como Juan Suárez, que a principios del siglo XX ya soñó con el turismo rural y de salud, con visitantes que apreciasen el trato directo y amable, el placer de las pequeñas cosas y la magia del Valle. Aunque él no lo llegó a ver, sus hijos, sus muchos descendientes, materializaron su gran idea y levantaron el hotel. Con luces y sombras, el hotel siempre ha estado vinculado a los Suárez, que supieron ofrecer alojamiento y tratamientos reparadoras en el balneario próximo, famoso por sus aguas ferrugientas, declaradas de interés público en 1929, justo cuando nacía el establecimiento. Desde hace pocos años el hotel está en manos de otra familia muy conocida en el lugar. Ellos quieren ahora devolver el esplendor perdido a esta hostería, a un edificio que encierra entre sus paredes buena parte de la historia del Valle de Agaete y de toda Gran Canaria. Para ello contarán, en la medida de lo posible, con el Ayuntamiento de la villa, que quiere, según expresa su alcalde, que el lugar «se recupere» y que el municipio cuente «otra vez con un buen establecimiento», y, de paso, mejorar los alrededores.

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