«No quiero ir al instituto por miedo»

MARÍA JOSÉ PALLARÉS

Miedo, pánico y ganas de que dejen de maltratarla física y sobre todo, psicológicamente. Bajo estas circunstancias está Sara, alumna de un instituto de Vecindario que desde hace tres años sufre el presunto acoso de otra alumna del centro sin que hayan puesto remedio. Puso y ganó una demanda por lesiones, pero a los dos días, los insultos continuaron. Su madre teme lo peor y recurre a Inspección Educativa para que les ayude con el caso.

Siento pánico, llevo tres años aguantando sus ataques y ya no puedo más. He pensado en escaparme de casa para que ni mi familia me encuentre y también en algo peor. Solo quiero que me deje en paz, que deje de escupirme, de insultarme y llamarme fea, pobre, que los ponga a todos en mi contra. No quiero ir al instituto por miedo». Estas son solo algunas de las declaraciones de Sara, menor estudiante de Vecindario que sufre, según su propia madre, acoso escolar desde hace 3 años sin que lo haya frenado ni la demanda ganada por la niña.

Esta desesperación la llevó a reclamar la semana pasada en Inspección Educativa de la Consejería de Educación la solicitud de una autorización para que investigue el «conflicto de convivencia» y prestar si es preciso apoyo psicológico a la menor. que no había sido cursado antes por el centro.

El nivel académico ha bajado en este tiempo, el miedo a salir sola también, pues la presunta acosadora, que roza la mayoría de edad, la suele seguir a la casa para atacarla. «Es como una obsesión conmigo, y yo ya no puedo más. Llego tarde a clase para no tropezármela en los pasillos del instituto», relata la adolescente que alega que no se ha cambiado de instituto porque no serviría de nada «tendría que irme del municipio», dice.

Su madre vive con una angustia perpetua «siempre temiendo que un día pase algo peor». Sara «es una niña muy cariñosa y estudiosa ha empezado a autolesionarse, dándose piñas contra la pared e incluso con la cabeza », relata otro familiar, que también teme que la pequeña «llegue a las máximas consecuencias».

Con los recientes acontecimientos que han pasado, como la paliza que recibió hace unos días una estudiante tinerfeña por parte de otras compañeras, la familia de Sara está en vilo, «pues aunque docentes del centro han mediado en más de una ocasión para acabar con el conflicto, a los días vuelve con insultos».

En junio de 2014 Sara interpuso una demanda por lesiones a la otra estudiante, «me puso la mano en el pecho como para frenarme, y al ir a quitársela, me la retorció, causándome la lesión», relató. La dirección del centro decidió entonces expulsarla por unos días, «en los que iba también a la puerta del instituto para continuar acosando». La resolución de la demanda fue a favor de Sara, que obligó a la otra menor al pago de una multa 75 euros y acudir a clases de tarde 3 veces en semana.

Según las fuentes familiares, este hecho no ha hecho más que agravar la situación, «ahora el acoso es cada vez peor». La dirección del centro rehusó hacer declaraciones sobre el caso a este medio alegando la prohibición de revelar datos sobre menores.