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Por definición, todo movimiento nacionalista, si lo es realmente, persigue la obtención de la soberanía nacional. Otra cosa son los tiempos, que la coyuntura aconseje vías intermedias, en el interín, o tácticas que pasen por pactos que conlleven la cesión de esa soberanía en según qué apartados y en función de los intereses y correlación de fuerzas del momento. Todo muy legítimo; pero, vuelvo al principio, por definición, la pretensión última de los nacionalistas es la consecución de la soberanía nacional, completa, ni siquiera compartida.

Por eso, resulta llamativo comprobar el escándalo que se desata en algunos, amplios, sectores de Coalición Canaria cada vez que se menta la palabra soberanía. Como si de una bicha se tratase, raudos se apuran a puntualizar que la pretensión que les guía es alcanzar las máximas cotas de autogobierno. Claro que nunca van más allá y no explican cuáles son esas máximas cotas.

Hoy Coalición Canaria celebrará una conferencia política, una más, en la que se pretende definir la estrategia a seguir en los próximos veinte años. 21 años después de su formación, 21 años después de hacerse con el poder en la Comunidad Autónoma, lo que demuestra bien a las claras que la indefinición es lo que define a esta organización, cuya razón de ser ha sido la perpetuación en el poder y que hábilmente supo autoproclamarse nacionalista, no regionalista ni autonomista, a la vista del tirón electoral que ello le reportaba, sabedora de que sólo pervive quien gana y si no puede ganar sola, cosa que no ha logrado, no le importa aliarse con cualquier fuerza política que se cruce en el camino.

Es decir, si ha habido una estrategia ésta ha sido la oportunista, utilitarista e instrumentalista que se ha hecho de la identidad nacional, que es la que, volvemos al inicio, ha de guiar a todo movimiento nacionalista. Ahí está como ejemplo grotesco de ello que el fomento de la cultura nacional lo han reducido al folklore y costumbres para consumo de las clases medias urbanas. Y dicho sea esto para los que se sonrojan cuando oyen el término soberanía y, también, para los que ahora, a última hora, lo mentan, en la medida en que, hasta hoy, lo que se ha hecho ha sido atender lo inmediato, consintiendo que lo urgente eclipsase lo importante, sin hacer esfuerzo alguno en concretar un proyecto en clave de futuro.

Han sabido, muy hábilmente, valerse de la aritmética parlamentaria y soportarse sobre un lustroso cartel con gancho, pero no han tenido en cuenta que el culto a la aritmética de los escaños tarde o temprano genera contradicciones y han olvidado que para lograr votos también hay que llevar ideas a todos los rincones de las Islas. Por eso, aunque el pegamento del poder logre alivios y prórrogas constantes, no ha de extrañar, que Coalición viva en permanente colisión, en la medida en que no hay estrategia básica.

Pero, ocurre que a estas alturas la ciudadanía ya ha dejado claro que lo que reclama son  propuestas articuladas bien alejadas de los mercachifleos y las deslealtades.