Nieves, 6 años sin Sara: "No tengo lágrimas"

30/07/2012
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Nieves Hernández, la madre de Sara Morales, de cuya desaparición se cumplen este lunes seis años, ha ido perdiendo poco a poco las ganas de hablar.  Se queja en silencio, llora cuando nadie la ve y se enfada con el mundo si alguien se atreve a reprocharle: «…cada vez sales menos en la prensa y eso no es bueno…». Qué sabe nadie.  Su hija salió de casa en torno a las 16.15  porque había quedado con un amigo a quince minutos de su domicilio, en el Centro Comercial La Ballena. Desde la calle Ingeniero Ramírez Doreste, en Escaleritas, al punto de encuentro a la niña se la tragó la tierra. Ni Nieves, ni Soto, su padre, ni Alba, su hermana menor, ni sus tíos Lupe, Toña y José Ángel, ni la abuela se acostumbran a su ausencia: «¿Cómo lo hacemos? Dime una sola persona en el mundo que se acostumbre a vivir con esta pena, con este dolor. No. Yo vivo desde hace seis años con un nudo en la garganta, no tengo ni lágrimas; vivo con un dolor que no lo alivia ni el mejor médico». Ha perdido la fe: «es que estamos donde empezamos, en la nada».


La sociedad canaria sigue con asombro el caso de Sara aunque cada vez su presencia en los medios es menor. «Y yo lo entiendo…de todo se cansa uno». Ésa es Nieves, que en el fondo está pidiendo que no olviden a su niña.


La relación de amistad con Nieves Hernández me permite hablar de situaciones vividas en la casa de Sara que tal vez expliquen el cansancio de esta madre: «Yo he pensado una cosa», reflexionaba hace dos días, «Sara ya cumplió los 18 años, es mayor de edad,  pues bueno, hasta que fue menor yo, mi hermana, mi hermano, mi madre, hemos estado siempre en la prensa demandando su búsqueda. Pero una vez que ya es mayor de edad, creo que poco puedo hacer. Primero, ni una sola pista ayuda y, siendo la niña ya mayor, si está viva tiene derecho de hacer lo que quiera con su vida, como joven que es». Pero conociéndola un poco, lo que de verdad quiere decir Nieves es que ha perdido la esperanza de encontrarla con vida pero necesita creer en algo.  Nadie duda de que la Policía busca a Sara pero la evidencia es que no aparece: «Cada vez que se acercan estas fechas, fechas que recuerdan el maldito domingo cuando Sara desapareció, sé que los medios tratan de hacer un recordatorio y yo lo agradezco porque lo que no quiero es que la olviden, pero, por favor, no me pidan que hable porque me he quedado sin palabras».  Tiene tan memorizado aquel día que repite los episodios de la tragedia con la precisión de un reloj suizo:  «Fue un día como tantos otros», cuenta. Almuerzo en casa de la abuela, música, risa y juegos con sus primos. Poco más.
Vecinos de la familia hablan de la niña como de una joven tranquila, «muy estudiosa, muy educada», que lucía gafas de metal que le daban un aire intelectual e incluso le hacían parecer mayor. Tenía  14 años y su familia no celebraría con Sara sus 15 años. 


Cuando se pone en marcha la imaginación y Nieves se ilusiona, cosa que cada vez sucede con menos frecuencia, hablamos de lo que haría si su hija tocara en la puerta. «Habría que comprarle ropa.  Pero lo primero que haría es preguntarle por qué Sara, por qué...».