"Nadie es imprescindible"

Mario Gas y Vicky Peña son parte viva de la historia del teatro en España. Director e intérprete forman una pareja, profesional y personal, de lujo. Hablar con ello del panorama cultural, de la escena, de la vida... es puro placer. Transmiten la misma pasión que sobre las tablas imprimen a sus espectáculos.

Desde hace ocho meses Mario Gas director del Teatro Español de Madrid desde 2004, recinto de titularidad municipal gira por toda España con Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, para lo que cuenta en el papel estelar de Blanche DuBois con la actriz Vicky Peña, premiada recientemente con el premio Max 2011 por su interpretación en Homebody/Kabul. Los dos, a la limón, repasan el panorama teatral actual sin pretensiones pero sin tapujos.

Para Mario Gas, «no hay nada imprescindible en esta vida», aunque se llame Tennessee Williams, pero reconoce que el dramaturgo estadounidense «es un gran autor, que detecta la problemática del individuo y del mundo que le rodea de una manera más allá de lo puramente técnico o táctico». Por lo tanto, cree Gas, «pertenece a esos grandes autores que penetran en los conflictos humanos y que siempre hay algo que aprender de él». Así, Williams retrata conflictos y «personajes dolientes enfrentados a sí mismos y a la sociedad que ven absolutamente devorados», mirados con amor pero también con una crítica por la sociedad y los poderes establecidos en su búsqueda de la libertad.

Unos problemas que no son sólo propios de la época de Williams, sino que el hombre sigue sufriendo hoy, de ahí que sean clásicos. «Cambian cosas coyunturales, pero el teatro es algo más que la noticia periodística. Es la fabulación por vía poética, metafórica y contundente de la sinrazón que es el ser humano y el dominio de las sociedades», sea cual sea su sistema de relaciones. Por todo ello, cree Mario Gas que «un gran autor es aquel que tiene la intuición de hablarnos de cosas que no se solucionan», de conflictos eternos.

Por ello, y aquí interviene Vicky Peña, autores como Tennessee Williams se han convertido en «un clásico contemporáneo», lo mismo que pasa con los griegos o con los autores barrocos del Siglo de Oro español. «Seguimos entendiendo lo que nos cuentan, no ha quedado su obra trasnochada», y en ese sentido, en el pasado siglo XX, «ha habido cosas que han caído por su propio peso, pero de autores como Chéjov de cambio de siglo, Brecht, Williams, Priestley, Ionesco, nos sigue llegando su onda de un modo muy fuerte». El motivo, que son reconocibles las problemáticas, porque «el ser humano cambia poco, lo que nos mueve, nos duele, nos place, sigue siendo muy parecido» ayer y hoy.

Cuando «un texto siempre es bueno cuando es poliédrico», asegura Gas, porque logra ser siempre de hoy. De esta manera, Shakespeare es «nuestro contemporáneo» porque lo que dice desde 1500 hasta ahora «es extrapolable, aunque hayamos cambiado de piel».

Si hoy en día hay autores que sabeb apreciar la realidad, «sólo el tiempo lo dirá», apunta Peña, pero lo cierto es que, en palabras de Gas, «hay autores extraordinarios, pero el teatro tiene dos funciones: la de servir a lo coetáneo, y después el tiempo se encarga de ir destilando las obras que van perdurando; no hay perspectiva todavía».