En conciencia

Nada que celebrar, Artur

05/01/2016

El 27 de septiembre se celebraron las elecciones en Cataluña y dos días después, Artur, te pregunté qué celebrabas, con tus banderas, tus actas, tus saltos y tus soflamas, si en realidad tu único mérito era haber partido en dos a Cataluña entera, generar un clima crispado y enrarecido, cargarte no solo a la coalición Convergència i Unió (CiU), sino también a tu propio partido (CDC). Y con daños colaterales, pues la CUP también se está viendo infectada por el virus.
Dos meses y medio después, tras ser arrastrado por el barro por la CUP, ese conglomerado político –a quien tú has ofrecido todas tus pertenencias y las ha rechazado como fruslerías– ha frenado tu alocada huida hacia adelante con un simple ‘no’; ese frenesí con el que has desnaturalizado todas las instituciones de tu hermoso país, con el que te has ido cargando un prestigio de muchos años en lo económico, en lo social y en lo político, y todo con el único objetivo de salvar tu culo –y perdón por el palabro–, sin más.
Pues hoy por hoy, creo que lo mejor que le puede pasar a Cataluña es celebrar nuevas elecciones, una oportunidad para poner en su sitio a muchos vendehumos e intentar un nuevo rumbo, ya sea a derecha o izquierda, pero que sea capaz de afrontar de una vez y con garantías los graves problemas que atraviesa esta autonomía, afectada también por la crisis que recorre todo el planeta.
En fin, Artur, que ni tenías motivos para tus celebraciones el 27S ni mucho menos los tienes ahora, aunque todavía aparezcas arrogante –me asombra tu capacidad y entereza– y con un supuesto ánimo para afrontar la situación adversa.
Igual si te retiras tú solito y en silencio se pueda reconducir la situación y la autonomía coge tino aunque sea por un tiempo.