Los Espejos No Tienen Memoria

Mucha España mía

17/06/2008

Con algunos tramos de nuestra vida pasa igual que con los efectos especiales de las películas anteriores a la Era Informática: un edificio se derrumba o un barco se estremece en medio de la tempestad y se nota perfectamente que se trata de una maqueta. De repente, todo parece falso, un decorado; unos efectos especiales ideados por un electricista chapucero.

Es pronto para afirmarlo pero desde ayer el PP que simboliza Rajoy, el que quiere entenderse con los nacionalismos y girar hacia el centro, se ha ganado la caricia del azar. Un hombre ansioso por devorar una gacela es visitado por el estupor y, así, con su disfraz de andar todo el día de tiburón sin raciocinio, busca una respuesta que es incapaz de descifrar.

Es un espectáculo contemplar a Federico Jiménez Losantos devenido en discoteca adolescente, con todas sus luces centelleando y apagándose con una décima de segundo de diferencia, pataleando al vacío y mostrando su actitud de killer semidesnudo en la oscuridad, superado por una sentencia que le ganó Alberto Ruiz-Gallardón, al que hay que felicitar por su templanza, coherencia, y control de ese miedo que sin duda sintió.

Desde ayer nada es lo mismo en el PP que raptó Aznar. Uno de sus ángeles custodios más terribles -probablemente el más temido de todos-, condenado por injurias graves, ya es cloaca navegable, foso de cocodrilos mansos, pieza abatible. Desde ayer todo el horror que destila es menos instrumento de tortura. No es una sentencia cualquiera. Carece del valor de un mero apercibimiento a un periodista inquieto. Es impedir que te quemen la casa los tuyos, que te dicten las órdenes, ser esclavo en tu propio espacio.

El valor del querellante no tiene precio. Aguantó las embestidas de la quincalla, se reunió con sus enviados y no claudicó, siguió hacia delante pese a los consejos de su entorno, se enfrentó a la maqueta de las antiguas películas a sabiendas de que el truco, antes o después, se notaría. Día grande para Ruiz Gallardón, que en la misma fecha las encuestas lo encaraman al papel del sucesor.

El favor que le puede hacer esta sentencia a Rajoy, y a sus ansias de derribar el templo de los neocon, es imposible de apreciar todavía. Todo llega. El sheriff de Coslada duerme en la cárcel, la crisis económica agobia al gobierno de Zapatero, y Jiménez Losantos monta su propio partidito en el exilio pues ya es corriente exótica y no influencia determinante. Era falso, chapuza, cae al fin la mentira.

Era vital que este nuevo PP que sale de la catarsis se manejara de forma independiente a los poderes mediáticos afines. Su credibilidad ante un electorado que contiene la respiración depende de hechos de esta catadura.

Jiménez Losantos puede informar o desinformar de lo que quiera, si la Iglesia o la empresa privada lo sostiene, pero en ningún caso dictar con sus insultos/proclamas de Torquemada el futuro de un partido democrático y que necesita de un lifting como agua de mayo para regresar al poder. ¿Con Rajoy de líder?... Con el que ponga orden en esa escandalosa casa donde los intereses particulares se imponen a los generales de todos los españoles. Mucha España y mucha bandera, pero lo que había era gamberrismo y cultura Queipo de Llano.