Mogán huele aún a tea quemada

Policías locales y operarios municipales procediendo a precintar la vieja casona siniestrada, el humo que todavía era visible y un acre olor a resina eran ayer las pruebas más evidentes del gran susto que el casco de Mogán vivió la tarde del pasado domingo al declararse un incendio en una media reliquia.

Mogán, en domingo y a las cinco de la tarde, debe ser lo más parecido al reino del sopor que pueda existir pero, a esa hora del último se rompió como por ensalmo la tranquilidad casi eterna del valle y sonaron voces de fuego y auxilio.

Una pareja de jóvenes fueron los primeros en llagar hasta la vieja casona ubicada en la calle San Antonio de Padua, en la pendiente que baja desde las Casas Consistoriales a la carretera general y que dejaba ver columnas de humos por sus puertas y ventanas. Llegaron a tiempo de alejar del lugar al único habitante de la casa, un hombre de unos sesenta años, mientras los vecinos acudían a ayudar en lo que pudieran y la Policía Local establecía un cordón de seguridad. Las llamas hicieron explotar una bombona en el interior del inmueble, lo que originó que las llamas siguieran prendiendo con rapidez en un edificio donde abunda la tea, un material con un alto contenido de resina, que es pura yesca para el fuego. Las primeras unidades de bomberos no tardaron mucho en llegar desde Puerto Rico y a ellas se sumaron efectivos de Arinaga, Telde, Arucas y miembros de Protección Civil, Cruz Roja, Guardia Civil y Policía Autonómica. El fuego fue rápidamente cercado y, sobre las 20.15 estaba controlado, aunque fue difícil, no pudiéndose impedir que afectara los techos del Centro de la Tercera Edad que lleva el nombre de la calle y a la vivienda que colinda por la parte norte, La Casa del Siroco, que antiguamente fue escuela y, posteriormente, un bar.