Misma mujer. Mismo pueblo

06/09/2006

Una misma mujer. Un mismo pueblo fue el título del pregón que leí el pasado 25 de agosto en Teror. Ser pregonero de las Fiestas de la Virgen del Pino, Patrona de la Diócesis de Canarias, como dije en esa ocasión, supuso para mí un honor y un privilegio al ser invitado a una de las fiestas más importantes de Canarias, en honor de la Virgen del Pino. Imagen que respeto y admiro, no en vano son ya muchos años en los que como municipios hermanos asiste una representación de Candelaria a esa fiesta y Teror hace lo mismo en la fiesta de la Virgen de Candelaria. Al tiempo, que puedo decir que siempre nos hemos sentido como en casa cuando visitamos Teror.

También antes de su lectura, comenté que era un pregón sincero y que recogía recuerdos, vivencias y experiencias de una y otra fiesta, y pretendía  expresar un sentimiento que se recogía en el título del mismo, porque me pareció la mejor manera de resumir sensaciones que yo creo comunes; no sólo de los habitantes de ambos pueblos, acostumbrados a recibir a miles de peregrinos año tras año, sino de todos los canarios que como expliqué esa noche nos hemos convertido en un mismo pueblo yendo a venerar a la misma mujer, María.

Cada uno en su Isla, cada quien agradeciendo favores a su Virgen, cada uno cumpliendo las promesas a su manera, pero todos formando parte de un mismo pueblo, el canario, que debe estar por encima de las disputas que algunos tratan de alimentar de forma interesada cada vez que se acerca un período electoral.

Ese era el mensaje central de mi pregón: somos todos canarios, debemos reforzar la identidad de nuestro pueblo y estar unidos para afrontar los retos que se nos presentan como plataforma tricontinental que hemos sido siempre.

Algunos, parece que sólo han leído dos frases de entre las diez páginas que tiene el texto. Dos frases que, por otra parte, reproducen como dije en la lectura lo que expresó como vicario general de la Diócesis Canariense, don Juan Artiles, dos años antes, como pregonero en el mismo lugar.

En ese pregón del año 2004, D. Juan Artiles expresaba textualmente:

«. . . En donde vienen todas las islas a venerar a su Patrona general Nuestra Señora de la Candelaria. Así se le proclamó, bajo esta advocación, como si de una bula popular se tratara, Patrona del Archipiélago Canario. Patronazgo confirmado, como todos sus coetáneos, in posterum eligendos, por la S.C.R. el 23 de marzo 1630.. . . . Fue el Cabildo Catedral de Canarias el que inició en 1914 los trámites para, manteniendo los dos apellidos marianos, situarlos, sin menoscabo del uno por el otro, respetando la advocación de la Candelaria para el Archipiélago y la del Pino para la diócesis de Canarias...    Hubo de pasar cuatrocientos años para que el Papa confirmara este patronazgo a iniciativa del Cabildo Catedral y a peticiones adheridas del obispo Marquina y de la Universidad Pontificia de Canarias. En rescripto calendado el 16 de abril de 1914, lo confirma . en estos términos: «Ex speciali Indulto S.S.D.N. Pii Papae X S.Rituum Cong. Electiomen B. M. V. in Patronam Pincipalem Dioeceseos Canariensis per Rmn. Episcopum et Capitulum factam aprobavit et ratam habuit, festumque patronale in Nativitate ejusdem B.M.V. die 8 Septembris celebrari mandavit». El rescripto no abroga por tanto el decreto pontificio de 1867, sólo lo deroga. Es decir: mantiene el patronazgo de María bajo la advocación de la Candelaria para el Archipiélago y la Diócesis de Tenerife, y deja sin efecto este patronazgo para la Diócesis de Canarias, confirmando para ésta el patronazgo de María bajo la advocación del Pino.

. . . .  No son pues dos patronas, no; es una sola, María; pero con dos presencias o apellidos: el de Candelaria para el Archipiélago canario y el del Pino para esta Iglesia particular o Diócesis de Canarias.

En este pregón, coincidente con el sexto centenario de la fundación de nuestra diócesis, hemos considerado obligado pregonar y situar estas ricas y fecundas presencias marianas en este nuestro Archipiélago Afortunado, como un don de Dios y un regazo de María.

«La verdad une, el error confunde, divide, y enfrenta». Estas afirmaciones de don Juan Artiles, en las que justificó y documentó ampliamente lo que dijo no despertaron crítica alguna, sin embargo, mis palabras sí han tenido una reacción que no esperaba. Parece que lo que importa no es lo que se dice, sino quién lo dice.

¡Qué pena, que una decisión eclesiástica de hace cuatro siglos pueda ser utilizada para alimentar disputas entre los canarios, cuando el mensaje central de mi pregón iba justamente en el sentido contrario! Me gustaría que los grancanarios leyeran el pregón en su totalidad y no se quedaran con dos frases, que no hacían más que responder a la pregunta que cada año me hacen cuando voy a Teror, frente a un texto más amplio que ha resultado como una premonición cuando hacía referencia a que los pleitos insulares no son más que la consecuencia de la incapacidad política de cada momento.

Si lo que he dicho no es correcto, debe ser la Iglesia quien me corrija y no gente que lo que busca es el enfrentamiento entre un pueblo noble como es el nuestro.