Manipular los microbios intestinales puede revertir el efecto negativo de una dieta con alto contenido de grasas

EUROPA PRESS

El intestino envía mensajes neuronales al cerebro para decirle cuándo está lleno. Ahora, investigadores de las universidades estadounidenses de Georgia, Binghamton y Estatal de Pensilvania han descubierto que el consumo crónico de alimentos altos en grasa interrumpe estos mensajes neuronales en ratas alterando las poblaciones de bacterias que normalmente residen en el interior del intestino y que el retraso en el mensaje de saciedad puede conducir a comer en exceso y el aumento de peso. La doctora Claire de la Serre, de la Universidad de Georgia, y sus colegas encontraron que este efecto negativo puede revertirse mediante la manipulación de los microbios intestinales, según revela esta investigación, que se presenta esta semana en la reunión anual de la Sociedad para el Estudio de la Conducta Ingestiva, que se celebra hasta el sábado en Oporto, Portugal. En un estudio, los investigadores encontraron que la alimentación rica en grasas reorganiza la vía neural intestino-cerebro y provoca inflamación en las regiones del cerebro responsables de la conducta alimentaria. Se ha detectado que las dietas altas en grasa afectan dramáticamente a la composición de la microbiota intestinal, por lo que los autores probaron si estos microbios residentes pueden ser la conexión entre la dieta y los cambios neuronales. De la Serre y sus colegas desarrollaron un protocolo para corregir el cambio negativo en los microbios intestinales. Mediante la inyección diaria de una dosis baja de un antibiótico de amplio espectro consiguieron revertir los efectos de la dieta alta en grasas en la composición de la microbiota. Curiosamente, cuando la composición de las bacterias volvió a la normalidad, también se corrigieron las señales alteradas entre el intestino y el cerebro y la inflamación del cerebro. ANTIBIÓTICOS Y ALIMENTOS ANTIBACTERIANOS PARA LA MICROBIOTA Como resultado, los animales tratados con antibióticos comieron menos y ganaron menos peso, lo que demuestra que las bacterias intestinales que prosperan durante una dieta alta en grasas están jugando un papel en los efectos perjudiciales de la alimentación sobre las señales del cerebro. Estos hallazgos podrían conducir a terapias a base de bacterias para el tratamiento de la sobrealimentación y la obesidad. "A continuación, queríamos probar si los alimentos que se sabe que tienen propiedades anti-bacterianas y anti-inflamatorias también podrían revertir el efecto negativo de una dieta alta en grasas, de forma similar al tratamiento con antibióticos", relata Claire de La Serre. En un estudio separado, los investigadores alimentaron a los animales con una dieta alta en grasas y complementaron a algunoss de ellos con arándanos, una fruta llena de antocianinas, un ingrediente natural antimicrobiano. Los animales alimentados con arándanos tenían un perfil completamente diferente de microbiota, menos inflamación y niveles de azúcar en la sangre más estables. Por lo tanto, las propiedades específicas de los alimentos bioactivos se pueden utilizar para orientar y mejorar la composición de la microbiota y la salud general.