Madres que son niñas

14/01/2007

Cuando Nazared Rodríguez tenía 15 años se quedó embarazada y tuvo su primer bebé. Ahora, con 42, es abuela por partida doble. Su hija Jeniferh tuvo a Yoremay con 19 y Penélope, de 18, dio a luz con 17 años al pequeño Guanarame, que ahora tiene ocho meses. Penélope está en cinta de nuevo...

Nazared y su hija Jeniferh viven en las casas rosas de El Charco, el mismo barrio de Puerto del Rosario que se vio conmocionado esta semana por la muerte violenta de una niña de seis meses. Pero la situación es muy distinta.
Jeniferh reconoce que su niño no fue buscado y pensó en abortar. Su madre, entonces, mantuvo una seria charla con ella y la ofreció su ayuda para criarlo. «Me arrepiento un montón de haber querido quitármelo», dice, ahora, con el bebé en sus brazos.

Si la madre trabaja, la abuela se encarga del niño, y cuando la abuela tiene que salir a ganarse las lentejas es la madre la que se ocupa. No permiten que ninguna persona extraña se acerque al menor y entre las dos se reparten la tarea de cuidarlo y criarlo. «Ser abuela es maravilloso», reconoce Nazared. «Al principio no sabía darle de comer, atenderle... Gracias a mi madre lo he sacado adelante», agrega Jeniferh.

El caso de Penélope es diferente. Ella afirma que desde que conoció a su novio, con 16 años, quiso tener un hijo con él. «Lo busqué y me quedé embarazada con 17». No obstante, dice y repite, que lo trajo al mundo «porque vi que no le iba a faltar de nada». La pareja de Penélope trabaja y con ese sueldo se apañan para vivir los tres. Su hijo, Guanarame, tiene ocho meses y una amplia sonrisa en su cara. Se parece mucho a su primo Yoremay y Penélope comenta: «me preguntan si son gemelos».

Nazared, la abuela que fue a su vez madre adolescente, tuvo su primer hijo, un varón, a la tierna edad de 15 años porque quiso. Ella es de natural de Hoya San Juan (Arucas), aunque su familia reside en Jinámar. Cuando se vio sola en Fuerteventura deseó ser madre. Y lo fue. «Fue cuando me hice mujer. Fue verme niña y tener un niño a mi cuidado», recuerda. Fueron tiempos duros, ella trabajaba en las tomateras y cargaba a su niño a la espalda.  «En el momento en el que tienes un hijo, eres madre, y luchas con todas tus fuerzas por lo que más quieres en esta vida, que es carne de tu carne». Su dura experiencia la ha llevado a apoyar y ayudar a sus hijas en ese reto diario que supone ser madre.

El nivel de vida de esta familia es modesto, pero los dos niños gozan de salud y se ve a simple vista que son cuidados con mimo y queridos.

A ellas, como a todos los majoreros, les ha afectado la triste noticia de las circunstancias violentas que rodearon al fallecimiento de Yunaisy, de seis meses, el pasado cinco de enero.

Nazared, indignada, afirma: «Lo mejor que han hecho ha sido llevárselos a los dos». Jenniferh apostilla que no se tiene un hijo «para maltratarlo después».

Quien no conozca las dos caras de la moneda puede pensar que todas las madres adolescentes son unas irresponsables. Las sonrisas de Yoremay y Guanarame dicen exactamente lo contrario.

Más información en el periódico CANARIAS7