FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Luis Miranda: "Los más insolentes y atrevidos son los cineastas veteranos"

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P. ¿Cómo se consigue evitar caer en el academicismo, en las fórmulas repetitivas festivaleras a la hora de seleccionar los contenidos de esta 17ª edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria?

R. Tratando de ser muy sensibles a lo genuino. Las fórmulas son objetivables. Esa es la vía fácil. Pero en todo lo que tiene que ver con el arte, no se trata de la fórmula, el género, la tendencia, la escuela, el modelo de expresión... Lo importante es si dentro de todo eso hay creatividad. ¿Cómo se sabe y se descubre? Pues como casi todo en la vida, comparando. Esa comparación es automática y surge como un fulgor y te hace descubrir qué merece la pena. Después lo tienes que justificar. Pero también te puedes fiar del instinto. Entre los que llevamos años dedicándonos a esto existe una especie de consenso a la hora de fijarnos más, en mayor o menor medida, en unas cosas o en otras. Lo bueno de un comité de selección como el nuestro es que funciona como un laboratorio. Procuramos ser lo suficientemente rigurosos como para no buscar siempre el consenso. Si lo hiciéramos, solo seleccionaríamos lo que nos gusta a todos, porque es lo más cómodo. Nunca hemos valorado más lo difícil por ser difícil. Al contrario, vemos que de pronto se abre una ventana de ver el mundo muy interesante y que, por las razones que sean, implica una dificultad. La novedad de la propuesta es lo que nos arrastra. ¿Cómo se resuelve en el seno del comité de selección? Con mucho diálogo. Nos ponemos a prueba a nosotros mismos a la hora de compartir ideas y cómo explicarlas. Es un proceso difícil, pero estimulante. Además, las cosas se van decantando para un lado solas. Llegamos a un consenso con mucha facilidad, porque sabemos lo que estamos buscando.

P. ¿En la selección de este año se acentúa una tendencia que ya quedó patente el pasado año con un cine más claro, narrativo y aperturista?

R. Sí que hay cierta apertura. El cine independiente tiene muchas posibilidades. Nos quedamos con las que nos parecen más genuinas. Ahí nos encontramos con autores de peso que sabes que van por ese camino y voces nuevas que tantean nuevos caminos. No hacemos un comisariado estético tradicional. Nos planteamos si es o no genuino y si tienen una mirada original y diferente.

P. Hace dos ediciones, estuvo Eduardo Antín, Quintín, como presidente del jurado internacional. Como director del Bafici se convirtió en uno de los apóstoles de ese cine encriptado y difícil. Aquí, en la isla, ya renegaba de esa fórmula...

R. Decía que le daba la impresión de que los nuevos cineastas habían aprendido una fórmula en las escuelas, conocían el cine de autor clásico y contemporáneo, y lo repetían una vez tras otra. Lo que nos irrita es cuando nos topamos con películas que imitan esas fórmulas. El verdadero cine de autor se tortura en busca de una mirada muy personal. Eso tiene unos límites. Todos imitamos, pero la cuestión es ser personal a la hora de imitar. Lo que te encuentras es que imitan pero no añaden una visión personal y diferenciada. 

P. Pero hace unas cuantas ediciones, lo que imperaba en la cosecha anual de producciones independientes eran apuestas más difíciles, muy cercanas a las piezas audiovisuales propias de los museos más que al cine narrativo convencional...

R. Durante esos años hicimos un esfuerzo por diversificar. Se mantenían y se mantienen actualmente  posiciones muy fundamentalistas, que rechazaban la narrativa, la interpretación y otras cuestiones básicas. Lo entiendo, porque todas las vanguardias nacen de una ruptura. El problema surge cuando eso se convierte en un academicismo. Nosotros no podemos ser, desde el comité de selección, ni academicistas ni fundamentalistas. Tenemos que ser consecuentes. Se hacen películas estupendas que son narrativas y que utilizan el plano y el contraplano. También se hacen con otras formas, quizás más experimentales, que suelen transitar entre la ficción y la no ficción. Ninguno de los modelos debe ser el dominante. Lo que sí que echamos en falta es insolencia y descaro.

P. ¿Estético?

R. Sí. El contenido siempre necesita una forma. Los insolentes siguen siendo los mayores, porque ya lo eran hace décadas. Hacen lo que hacen porque entienden que lo tienen que hacer así, aunque les digan que ese no es el camino. Lo hacen con naturalidad, sin gestos afectados.  No me refiero ni siquiera a veteranos como Iosseliani, te hablo de Apichatpong, Jia Zhangke o Wang Bing.

P. ¿Y por qué camino va la Sección Oficial de este año?

R. No sabría decirte si hay más o menos propuestas narrativas. Lo que buscamos es que la fórmula camine y que respire. Que no sea una teoría aplicada a una película. Buscamos también que el retrato que hacemos del cine actual sea verídico. Es lo que intentamos. Igual nos equivocamos. También tenemos claro una cosa. Se trata de 13 películas que se proyectan en pocos días. El público tiene que disfrutar. Tiene que haber mezcla. Tendemos más al sabor ácido que al dulce, pero tiene que ser interesante, ni plano ni empalagoso.

P. De nuevo conviven veteranos consagrados como Kaurismäki y Wang Bing con jóvenes con óperas prima. ¿Está estudiado?

R. Sí. Queremos tener presencias de peso. Nos plantea la duda de si enfrentamos a equipos de Liga de Campeones con otros de Segunda B. Al final no es así. Las películas, cuando dialogan en la pantalla, se igualan.

P. ¿Sobre los contenidos que imperan en las 13 propuestas a concursos, volvemos a los anacoretas que viven en lugares desolados y en un mundo que no entienden ni los entiende a ellos?

R. [Risas] Algunos anacoretas sí que hay... Si no incluimos propuestas de ese tiempo, no estaríamos retratando el cine independiente contemporáneo.

P. Vuestra labor es retratar lo que se hace cada año...

R. Es la imaginación de la época a través del cine. El retrato más fidedigno puede que esté en las series norteamericanas de la HBO o en las propuestas más ramplonas del espectro comercial. Para retratar una época no hace falta ir a las obras de arte. Pero manteniendo viva la idea de buscar películas originales, también queremos que formen parte de su tiempo. Que expliquen su época y la propia historia del cine. Ese doble diálogo tiene que estar, al menos, implícito. A veces es explícito.

P. ¿Crítica política, sin caer en los panfletos, nos encontraremos?

R. Suele ser muy implícita. Hay casos más explícitos como son los documentales I Am Not Your Negro, de Raoul Peck, o Austerlitz, de Loznitsa. Hay algunos títulos más que siguen por ese camino.

P. Por lo que se ve en la selección de este año, lo que se ajusta mejor a lo que ustedes quieren mostrar está fuera de Europa y de España. No hay ningún largometraje nacional a concurso.

R. Lo que pudimos conseguir de la cosecha nacional no nos acababa de convencer. Y lo que nos convencía se lo quedó el festival de Málaga. La competencia es mucho mayor. Hace diez años, nosotros programábamos el otro cine español. Ahora son muchos los festivales que lo hacen. Se ha sumado Málaga en las últimas ediciones y es la mayor plataforma de lanzamiento del cine español.

P. ¿Y la poca presencia europa, se debe al Festival de Sevilla?

R. Creo que es casual, aunque Sevilla también influye, por supuesto. Es un gran festival.

P. ¿Por qué el cine nórdico tiene una presencia tan escasa en la programación, cuando habitualmente llega incluso a las salas comerciales españolas?

R. Se debe a cuestiones coyunturales y a la forma de acceso a las películas. Influyen los otros festivales, los agentes de ventas... Ves lo que circulas. Hay momentos en los que circulan películas de unas áreas y en ocasiones son de otras. Lo que funciona en el mundo nórdico es lo más comercial. Seguramente eso está sepultando otras cosas. Por ejemplo, hemos visto unas cuantas películas alemanas y detectamos un exceso de academicismo.

P. Imagino que la mayor parte de lo que se proyecta difícilmente se podrá recuperar a posteriori, ni siquiera en internet...

R.  Se podrá ver una parte mínima. Por ejemplo, con Filmin estamos estudiando la posibilidad de que, durante el festival, abra un menú con películas que han pasado por aquí en ediciones anteriores. Muchas son las que merecían quedarse. Pero faltan algunas importantes. No me canso de repetirlo, pero hace unos diez años tuvimos por aquí a un señor que ha ganado dos Óscar a la mejor película extranjera.

P. Asghar Farhadi. Este periódico lo recordó en sus páginas días antes de que ganase, en febrero, su segundo Óscar.

R. Algún día tendremos que traerlo de nuevo. Estuvo aquí y ganó el Lady Harimaguada de Oro con su cuarta película, Fireworks Wednesday  (2006). Era estupenda y no seguía el modelo imperante en aquel momento. A eso me refería antes cuando buscamos algo genuino. En aquel momento, se repetían las fórmulas en torno a Kiarostami cuando el propio Kiarostami buscaba ya otros caminos. Eso es muy aburrido. Kiarostami no es aburrido, pero imitar a Kiarostami sí que lo es.

P. ¿En la selección de este año hay algún Farhadi camuflado?

R. No lo descarto. Alain Gomis promete mucho.