Los Stones reconquistan Madrid

29/06/2007

Veinticinco años después de su histórico primer concierto en el Vicente Calderón, los Rolling Stones regresaron esta noche a ese escenario para volver a conquistar Madrid con una irresistible descarga de rock and roll.

Estaba anocheciendo cuando tras el ruido de una traca se escucharon los acordes de "Start me up" y Mick Jagger saltó al escenario enfundado en una llamativa chaqueta verde, escoltado por los guitarristas Keith Richards y Ron Wood, que se movían como dos hienas detrás del vocalista.

En el estadio aguardaban dos tipos de espectadores, los que por su edad pudieron ver el concierto de 1982 -esta noche estaban sentados en tribuna- y los que entonces eran demasiado jóvenes -situados de pie en la zona del terreno de juego-.

Todos rugieron con satisfacción al escuchar las primeras notas del concierto y la fiesta siguió con una mirada a los sesenta, "Let's spend the night together". Tras el segundo tema, Jagger saludó al público en español y se disculpó por el plantón que el grupo dio a sus fans madrileños el año pasado: "Siento haber tardado en venir. Estamos muy contentos de estar aquí finalmente".

A la tercera, "She's so cold", se quitó la chaqueta y siguió correteando por el escenario -no dejó de hacerlo en toda la noche-. Keith Richards se encendió un cigarrillo. "Vamos a pasarlo bien", prosiguió Jagger en español antes de que la banda acometiera "Monkey man". Parecía una orden y el público no dudó en acatarla.

Con otro clásico de los sesenta, "You can't always get what your want", los Stones terminan de meterse al público en el bolsillo. Todos corean el estribillo. Para entonces ya estaban sobre el escenario una sección de viento y una exuberante vocalista. "Sois un público estupendo", exclamó Jagger, mientras los espectadores coreaban cánticos de estadio.

La banda hizo una incursión en el blues con una homenaje a Ray Charles, "The night time is the right time", una de las sorpresas del espectáculo. "Tumbling dice", uno de los temas más rotundos de "Exile on Main St", llevó al concierto a uno de sus momentos culminantes. Jagger piropea en español a su vocalista -"Qué vestido tan bonito, ¿te lo has comprado en el Rastro?", le dice- y cuando acaba el número desaparece.

Al frente del escenario queda entonces Keith Richards. El público lo aclama y él sonríe de forma extraña. O le han quedado secuelas de la caída que sufrió desde un cocotero o es que ha vuelto a las andadas. El guitarrista acierta a decir "hola, señores y señoritas" y luego empieza a cantar con el acompañamiento de la guitarra de Ron Wood.

Consigue interpretar "Silver" y "Happy" con su voz de gato antes de que Jagger vuelva a tomar el mando con "Miss you", la afortunada aproximación de los Stones al funk. El escenario se desplaza entre el público sobre el terreno de juego para regocijo de los espectadores más jóvenes. Charlie Watts, el decano del grupo -64 años- sigue tocando la batería con una autoridad increíble.

Mezclados entre el público encadenan "It's only rock and roll", "Satisfaction" y "Honky tonk woman", una descarga de la que el físico de Jagger no se resiente. Luego todo se tiñe de rojo. El cantante de los Stones lleva una levita roja para interpretar subido a una pasarela del escenario "Simpaty for the devil".

En la grada se escucha a un espectador maduro suplicar "una baladita", pero los Stones no le escuchan y cierran el concierto con otras dos bombas: "Paint it black" y "Jumpin Jack Flash". La banda deja "Brown sugar" para el bis. Después de dos horas de actuación, Jagger recorre el campo corriendo por una pasarela. Tras la traca final, con fuegos artificiales incluidos, el grupo saludo y el vocalista se queda solo botando en el escenario. Cumplirá 62 el próximo mes.

Señores y señoras, los Rolling Stones. Puede que sea la última vez que los veamos. O puede que no. Aquí no existe la lógica. Es sólo es rock and roll.