Los raíles no son de 'La Pepa'

21/01/2007

Los raíles expuestos al público en la Calle Mayor de Triana no conocieron a La Pepa, la locomotora de vapor que atendió el transporte público de viajeros en la ciudad desde marzo de 1942 hasta junio de 1944. Durante ese periodo, el recorrido del tranvía se limitó el trayecto entre el Mercado del Puerto y el Parque San Telmo, sin pasar por Triana.

La última vez que el tranvía capitalino circuló por la calle Mayor de Triana fue el 31 de enero de 1937. La decisión municipal de clausurar el servicio fue una de las primeras medidas adoptadas por la comisión gestora que entonces regía el Ayuntamiento, tras el estallido de la guerra civil, siendo alcalde accidental de la ciudad Antonio Limiñana López. Se trataba de un tranvía eléctrico, cuya gestión estuvo sometida a numerosos vaivenes, y que funcionó con las convulsiones propias de la época desde agosto de 1910.

Ni la prensa de entonces, ni las instituciones, ni los usuarios recuerdan que la denominación de La Pepa se aplicara al tranvía durante esa etapa. Cuando en marzo de 1942 el Ayuntamiento decide rescatar el servicio del tranvía, el gobierno militar de entonces le cede de forma provisional una locomotora marca Orenstein y Koppel, que estaba a punto de ser embarcada a la Península para «una gran obra de la Marina de guerra», y le engancha los vagones del tranvía eléctrico. El acuerdo municipal de reactivar el servicio del tranvía se adopta el 18 de marzo de 1942, para atender el transporte de viajeros ante la escasez de combustible y repuestos que diezmó el servicio de guaguas por la crisis de la II Guerra Mundial. Los periódicos de la época acuñaron entonces, y nunca antes, la jocosa denominación popular de La Pepa, teniendo en cuenta que la información se publicó el mismo día de San José de 1942. El reglamento municipal que fijó el servicio deja claro que el recorrido será «desde la calle Colmenares hasta el Mercado del Puerto», como refleja la documentación aportada por Enrique Fernández Álvarez en su libro-CD La Pepa, crónica de un tranvía. La posibilidad de cruzar la calle de Triana quedó desechada por dos motivos; uno técnico, porque la locomotora no podía dar la vuelta en la calle Mendizábal, puesto que se habían arrancado varios tramos de la vía durante los años en que no funcionó el tranvía, y otro de seguridad, porque representaba un auténtico peligro para los peatones y el tráfico de la Calle Mayor, entonces inmersa en el bullicio propio del centro de la capital. Es decir, que los raíles ahora descubiertos no son de La Pepa; son de los tranvías anteriores. A pesar de que la actual Corporación ha puesto el nombre de La Pepa junto a los raíles acristalados, los testigos de la historia dan fe de que La Pepa nunca pasó por Triana, como es el caso de Francisco Romero, un comerciante que a sus 89 años no quiere fotos y que lo usaba a diario.