Los desastres de la guerra, a través del objetivo de los fotógrafos españoles

17/05/2011
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Desde la guerra de África, en 1860, al actual conflicto libio. "Fotoperiodistas de guerra españoles" recoge el testimonio gráfico de un puñado de valientes que pagaron incluso con la vida su afán por acercar a la sociedad el dolor y la destrucción causada por el hombre.

El libro, editado por Turner y el Ministerio de Defensa, homenajea a estos reporteros capaces de "reflejar en un segundo" el significado de algo tan brutal como una guerra, según el periodista Rafael Moreno, coautor de la obra junto a Alfonso Bauluz.

La guerra, servida en plancha de plata o pixelada, fascina y perturba al mismo tiempo, como el centenar de fotos seleccionadas por Moreno y Bauluz y que retratan a su vez a sus autores, cada uno con su mirada particular, desde Enrique Menseses, maestro de todos los contemporáneos, a Agustí Centelles o Gervasio Sánchez.

"Son gente muy dura emocionalmente y con una extrema sensibilidad", explicó hoy Moreno en la presentación de la obra en la Escuela de Guerra. "Hay que estar un poco loco para ser fotógrafo de guerra. Tienen que estar en primera línea, aquí no hay mentira, no hay doblez", añadió.

No hay mentira en estas fotos, como tampoco una innecesaria crudeza "gore", como señaló Bauluz, que destacó que la mirada del fotógrafo prefiere dirigirse al dolor de los vivos que al horror de los muertos.

El libro es como un túnel negro que atraviesa siglo y medio de muerte y destrucción, desde 1860 a 2011. En la selección de Bauluz y Moreno hay poco espacio para la gesta y el heroísmo.

Herederos de Goya y sus "Desastres de la guerra", los reporteros españoles se acercan a la guerra con la misma intención con la que el maestro aragonés titulaba su escena número 44: "Yo lo vi". Los ochenta aguafuertes de Goya encuentran su espejo en esta selección de imágenes de cerca de ochenta fotoperiodistas.

Empieza con la Guerra de África, en la España isabelina. Una fotografía de un campamento militar en el Serrallo de Ceuta, obra de Enrique Facio, abre la colección.

Elegantes, pulcras, frías, las fotografías de los pioneros decimonónicos -Facio, Manuel Compañy o Charles Monney- dieron paso a un cambio de registro que coincidiría con el estallido de la guerra civil. Sus testigos, Pepe Campúa, Juan José Serrano, Bartolomé Ros, Díaz Casariego, Alfonso Sánchez Portela, Félix Albero, Francisco Segovia, los hermanos Mayo o Centelles.

Cronistas de la guerra que construyeron con sus planchas el imaginario popular. Dice la ministra Carme Chacón en su prólogo que estos fotoperiodistas "necesitan articular el horror, encuadrarlo, enmarcarlo dentro de unas proporciones, como si de este modo fuera más fácil de entender, o se pudiera controlar".

"Hay quien imagina a estos fotógrafos como personajes endurecidos; nada más lejos de la realidad. Sin amor en la mirada, sin un rastro de inocencia y un mucho de humanidad, es imposible hacer su trabajo", añade Chacón.

Tras la guerra civil y décadas de sequía profesional, los reporteros españoles cruzaron las fronteras y retrataron el horror en los Balcanes, Palestina, Afganistán, Irak, Sierra Leona, Ruanda, Somalia, Pakistán, Congo, Birmania o América Central.

El mapamundi de la destrucción concluye -de momento- en Libia, adonde Mikel Ayestaran nos traslada con su capacidad de retratar, narrar y bloguear al mismo tiempo, "un heraldo del viejo-nuevo periodismo" como le denominan los autores.

Entre tanta mirada masculina, destaca Sandra Balsells, capaz de "inmortalizar momentos de dulzura a pesar de la indescriptible tragedia". Esta catalana retrató el sitio de Sarajevo con la misma sensibilidad exhibida por Gerda Taro en la guerra española, según los autores.

"Infancia perdida" es una de sus fotografías de aquella década en los Balcanes, en la que se curtieron los mejores fotógrafos españoles y que luego se harían merecedores de premios y reconocimientos por sus coberturas en África u Oriente Medio. Entre ellos, Javier Bauluz, Enric Martí o José Cendón.

"Los atrevidos". Así reza el cartel de un colmado que está siendo saqueado en Panamá en 1989. La fotografía es de Juantxu Rodríguez, fallecido cuando cubría la invasión hace más de veinte años.

Juantxu fue el primero de los tres grandes fotógrafos españoles caídos en combate. Le siguieron Jordi Pujol, muerto en Sarajevo en 1992, y Luis Valtueña, que murió en Ruanda en 1997. "Se había convertido en un testigo incómodo", dicen los autores.