Los celiacos, una vida sin gluten

13/08/2012

Una de cada cien personas en Canarias es celiaca y, curiosamente, la mayoría lo ignora. La conocen como una enfermedad invisible, pero lo cierto es que la celiaquía sigue patente en nuestros días. Por eso, es importante saberla detectar a tiempo y conocer sus síntomas y sus tratamientos.

Llevar una vida normal se convierte en una odisea, comer fuera de casa es una aventura y comprar productos especiales, una desventaja. Los celiacos gastan cuatro veces más que el resto de las personas y a veces, dicen sentirse excluidos. En Canarias ya son más de 20.000 los casos y estos llevan años reclamando más atención a una patología que se ha incrementado. Ahora parece ser que las empresas empiezan a responder positivamente. Los grandes comercios se están encargando de llenar sus estanterías con productos especiales y los restaurantes amplían sus menús pensados para ellos.

Pero, ¿en qué consiste esta enfermedad? La celiaquía no es una alergia como muchos creen, sino que se trata de  un problema genético cuya característica principal es la intolerancia permanente al gluten. Esta proteína se encuentra en cereales como el trigo, avena, cebada, centeno y sus derivados, conformando el 70% de los alimentos existentes en el mercado. Así que el pan, la pasta y la cerveza, entre otros, se convierten en prohibidos.

Síntomas.

En caso de su ingesta, el gluten actúa directamente sobre el intestino delgado, produciendo una reacción inflamatoria en su mucosa que dificulta la absorción de nutrientes. Entre sus síntomas destacan la pérdida de peso, fatiga, vómitos, diarrea o alteraciones en el carácter.

Actualmente, el único tratamiento efectivo para controlar la enfermedad es a través de una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Se recomienda comer alimentos naturales y evitar todos aquellos elaborados o envasados, pues además de que muchos no especifiquen detalladamente sus ingredientes en la etiqueta, los celiacos deben tener especial cuidado con los productos expuestos a estar en contacto con el gluten, originando lo que se conoce como una contaminación cruzada.

Cristina Lacomba

Cristina tiene 26 años y le diagnosticaron la enfermedad con 24. Confiesa que antes de saberlo su vida era un infierno: "Era celiaca y no lo sabía. Se me caía el pelo, la comida me sentaba mal y siempre me preocupaba por tener un baño cerca". La joven critica la falta de información que hay en muchos centros sanitarios. "Mi médico me decía que mi problema se debía a los nervios", señala Cristina.

 

Claudia Montelongo

Claudia tiene una sobrina celiaca de 8 años y, concienciada con su problema, decidió montar una cafetería en Guanarteme con un servicio de comida especial sin gluten. "Próximamente tendremos churros para celiacos", cuenta la propietaria. Claudia tampoco entiende cómo aún muchos negocios dedicados a la hostelería no conozcan la enfermedad y no sepan tratarla en sus establecimientos".

María Betancor

Esta joven de 20 años y estudiante de medicina recuerda que le detectaron la celiaquía cuando tenía 13 años: "El médico no sabía qué me pasaba y me mandó a un particular". A María le encanta viajar y su enfermedad no le resulta un impedimento para hacerlo: "Voy por el mundo diciendo gluten free", cuenta entre risas. Su hermana también es celiaca y asegura que en casa ya todos comen sin gluten.

María Fuentes

María es secretaria de la junta directiva de la Asociación de Padres de Celiacos de la provincia de Las Palmas (ASOCEPA) y también padece celiaquía. Reclama más concienciación y atención por parte del Estado: "En muchos países extranjeros los celiacos reciben una ayuda, nosotros, en cambio, no". María informa de que ellos gastan 1.700 euros más en comida que el resto de las personas".