"Los amores perdidos", 600 páginas de "verdad y honradez" en una opera prima

26/02/2016
ETIQUETAS:

El tinerfeño Miguel de León, un "devorador de historias" informático de profesión, escritor autodidacta criado en el amor a Gabriel García Márquez y sin ninguna disciplina a la hora de escribir ha convencido a una gran editorial para que le publique su primera novela: "Los amores perdidos" (Plaza y Janés).

"Cómo explicar qué tiene de diferente este escritor", rebusca las palabras el editor Alberto Marcos, acostumbrado a ver crecer cada mes en su mesa las pilas de libros en busca de publicación. "Tiene -dice al fin- verdad vocacional. Honradez. Y una voz propia que sólo se puede entender cuando se lee la novela".

Y Miguel de León, que se ha trasladado a la península para hablar de su novela, y de sí mismo, explica que siempre quiso escribir, desde los quince años -ahora tiene 59- pero nunca tuvo muchas posibilidades de pensarlo en serio.

Hijo de una familia muy humilde del norte de Tenerife, De León cuenta que fue su madre quien le hizo sentir curiosidad por la escritura; sin dinero para comprar libros, leía todo cuando caía en sus manos y se nutría de los "Episodios Nacionales" de Galdós a través de la emisión sonora de Radio Nacional de España.

Un día, haciendo un "trabajillo para sacar algo de dinero" se topó en una papelera con un libro sin tapas que le entusiasmó; no sabía quién era su escritor pero supo que aquello le había cambiado la vida. Era "La hojarasca", de Gabriel García Márquez. La leyó no menos de veinte veces.

Leer, absorber, escribir, corregir, corregir, corregir. Ese es su ritmo y el motivo probable de que, para dar su visto bueno a la edición que se encuentra ya en las tiendas, no haya leído el texto final. "Seguro que intentaría volver a cambiarlo", confiesa.

Entiende que, a partir de ahora, tendrá que plantearse una rutina para escribir un segundo libro que ya tiene en la cabeza, pero es que él, dice, escribe mientras camina por la calle, va pensando historias y luego llega a casa y escribe.

"Siempre me atrapa un personaje", explica, en el caso de "Los amores perdidos", Arturo, un hombre capaz de querer tanto a una mujer (Alejandra) que decide "no hablar, no decirlo, no tocarla" para quererla mejor. En definitiva, una historia de amor.

Pero luego, añade Marcos, está "el modo en el que describe" el pueblo donde se desarrolla la trama, El Terrero, un lugar ficticio que tanto canarios como peninsulares, comenta el escritor, reconocen enseguida como "el suyo".

Sucede en la dictadura y recorre sesenta años de la vida de dos familias enfrentadas; años en los que surgen otros tantos personajes que "crecen" a lo largo de ese periplo de vida.

"Nunca pensé en hacer una novela histórica, sino en crear un escenario. No me reservo nada, soy lo crudo que tenga que ser", afirma.

Otro "acierto" del escritor debutante fue dejarse atrapar por unos personajes femeninos "muy fuertes", más, dice, porque son mujeres canarias, hijas, madres y abuelas de un modo de vida matriarcal, gobernantas y luchadoras, acostumbradas a sobrevivir sin varones.

Confiesa a Efe que nada de lo que cuenta es autobiográfico, que de todos los aciertos que tuvieron que conjurarse para que su libro viera la luz, el mejor fue que el manuscrito llegase a manos de Cristina Lomba, lectora para la editorial que enseguida vio "que aquello era distinto", afirma ella con timidez, y por encima de todo, "decidirme a escribir".

Un hombre "sin dobleces" que entiende ahora, asegura, por qué tenía que pasar por todos los difíciles trances que pasó: "Para estar aquí. Tocando el cielo".