La yerbamuda pide la palabra

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Para quien no sepa de plantas es probable que le resulte hasta fea, pero para un botánico o un biólogo la yerbamuda es lo más parecido al Santo Grial que tanto mitifican los cristianos. Sólo quedan 90 ejemplares en todo el mundo y están en Jinámar, en una peña costera. Esta especie ha roto ahora su silencio. Estos días grita bonitas flores amarillas.

La aparición de esas flores ha supuesto todo un aldabonazo para el plan de recuperación puesto en marcha por el Cabildo de Gran Canaria. Y es que les ha costado Dios y ayuda  reproducir de forma asistida  esta joya botánica que responde al nombre científico de Lotus Kunkelli. Los brotes amarillos que ya lucen algunos de los ejemplares plantados en los tres rodales donde se iniciará el repoblamiento de este paraje les hace albergar fundadas esperanzas de que el objetivo inicial que se trazaron con este programa, la recolonización de esta zona del litoral de Jinámar con 5.000 yerbamudas nuevas, ya no es una utopía.

Buena parte del éxito conseguido tiene que ver con el trabajo denodado de científicos como Ana Ramos, bióloga que ha estado al frente de este proyecto en Jinámar y que días atrás sirvió de guía por el espacio a María del Mar Arévalo, consejera de Medio Ambiente del Cabildo, que es la institución que ha ejecutado las obras. Su departamento diseñó un programa de actuación amparado en las Normas de Conservación de este paisaje, declarado a su vez Sitio de Interés Científico, y la financiación la obtuvo tras un convenio con el Parque Marítimo de Jinámar. El coste de los trabajos, que se han venido ejecutando durante tres años, ha ascendido a 2,3 millones.

Con 7.800 nuevas plantas. En cada uno de esos tres rodales, que son espacios vallados y situados en tres puntos distintos de las 24,27 hectáreas de esta zona protegida,  hay unos 10 ejemplares plantados, unos reproducidos mediante esquejes y otros por semillas, procedimiento este último para el que se han llegado a usar técnicas propias de una fertilización in vitro en el Vivero Forestal de Tafira, en la capital. Los técnicos del Cabildo hacen un seguimiento diario a estas plantaciones. Serán la punta de lanza de la reconquista de estos áridos paisajes por la yerbamuda o corazoncillo.

Pero aún sobreviven individuos de la Lotus Kunkelli en estado silvestre. La mayoría crece en la ladera de la peña que da al mar y a la potabilizadora. Para protegerlas de los conejos, que las devoran, las han cubierto con jaulones. A estos ejemplares salvajes y a los asistidos por la mano humana les acompañarán otras 7.800 plantas de especies propias de este ecosistema que contribuirán a reverdecer esta costa semidesértica.