La ‘Jaldúa’ se matricula en ordeño infantil

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Llegó temblando. Lo suyo no son las aulas, y menos si por sus pezuñas, mejor, por sus ubres, va a pasar medio colegio de Jinámar. Pero la Jaldúa, como la llama Tomás Santana, el casero de esta cabra, se matriculó en ordeño infantil. Fue en un taller de ganadería municipal.
No debió ser fácil para el animal. De repente se ve metida en un patio extraño y con una jauría de niños entusiasmados situados a una distancia prudencial, pero que no le quitan ojo de encima. La Jaldúa, cautelosa, se pega a la pared, por si las moscas. Pero con la ayuda de Tomás Santana, ganadero de Las Majoreras, en Ingenio, que la supo tranquilizar, y la sana curiosidad de los chiquillos del colegio Pedro Lezcano, la clase fue a buen puerto. Niños de varios niveles aprendieron primeras nociones de la técnica depurada que Tomás emplea para ordeñar a Jaldúa. «Pon el dedo gordo doblado y presiona con los otros». ¿El secreto? Lo cuenta Tomás. «Hay que hacerlo con ganas, sin miedo». Y eso que hace tiempo que no ordeña a mano a sus 400 cabras. Lo hace una máquina. «Aún lo mantengo artesanal con las ovejas para no perder la costumbre y porque me gusta».
Ese encuentro con la Jaldúa fue la primera sesión de la intensa mañana que le preparó un equipo de técnicos y trabajadores municipales a la comunidad escolar del Pedro Lezcano. Acudieron esta semana hasta este centro de Jinámar para impartir un taller de ganadería. Lo que buscan es acercar ese mundo a los chiquillos, a menudo alejados de todo lo vinculado al sector primario.
En el programa figuraba también una didáctica, sencilla, pero muy completa charla de la veterinaria municipal Inma Ramírez, que les llevó de viaje por el complejo mundo de las explotaciones ganaderas de Telde. «¿Y por qué pone ahí que hay 419 cabezas de vaca? ¿Se las cortaron o qué?», le soltó un alumno. «No, hombre, no, es que en ganadería siempre se habla de cabezas», le respondió Inma, que les detalló cuántas vacas, cabras, ovejas, cerdos, gallinas, conejos y colmenas hay censadas en Telde y qué se aprovecha y para qué de cada sector. Todo ello ilustrado por un power-point.
Después de tanto ganado, el punto y final no podía ser más apropiado que una degustación de buen queso, el del Lomo del Gallego, también en Jinámar.