La primera Casa Consistorial

06/08/2016

La villa de Las Palmas inauguró, en el siglo XV, el régimen municipal en las islas Canarias. Las Palmas fue una ciudad nacida en el momento en el que los Reyes Católicos inician la formulación de una nueva política institucional, destinada a limitar las grandes atribuciones que poseía la alta nobleza. Las Palmas formaría parte de esta concepción centralizadora de la Monarquía como municipio en el que se implantó la autoridad real, con gobernadores, corregidores y funcionarios que representaban a la Corona. El primer concejo municipal data del año 1480, cuando todavía se desarrollaba la conquista de Gran Canaria. Lo integraban doce regidores (conquistadores y clérigos), nombrados por el gobernador Pedro de Vera. Casi tres lustros después, el Fuero y Privilegio real de 20 de diciembre de 1494 dotó a la villa de un amplio estatuto político-administrativo. En este archipiélago, después de Las Palmas, hubo además los Ayuntamientos de La Laguna y de Santa Cruz de La Palma, y ello fue así hasta la Constitución de 1812.

En la Cortes de Toledo (1480), los Reyes Católicos ordenan que las ciudades y villas de la Corona construyan su Casa de Concejo y que lo hagan en la plaza pública. Posteriormente, el mencionado Fuero de 1494 disponía que en la villa de Las Palmas haya Casa de Concejo y que se construya en la Plaza de la ciudad. Y en junio de 1500 una Pragmática Real ratifica lo dispuesto en las Cortes de Toledo y recuerda a los corregidores la exigencia de construir la casa consistorial. En el año 1511, el Ayuntamiento de la Ciudad Real de Las Palmas (que este era ya su nombre, y no del Real) solicitó de la Corona la concesión de rentas y recursos con el objeto de edificar la Casa de Concejo. Ésta debió construirse entre los años 1512 y 1518, ya que una Real Cédula del emperador Carlos V, de 23 de enero de 1519, ordenaba al personero Juan de Escobedo y a los regidores que, existiendo ya casa de Ayuntamiento, celebraran las sesiones en sus dependencias. Así, la primera Casa Consistorial data del segundo decenio del siglo XVI y ocupó desde entonces la cabecera oriental de la Plaza Mayor de Santa Ana. Comparto la hipótesis que expuso, al respecto, don Tomás Espinosa, antiguo interventor del Ayuntamiento de esta capital.

Traigo a colación estos documentos y criterios argumentales (que he utilizado en mis libros de 2003 y 2009), porque existía la vieja tradición que situaba la construcción en los tiempos del gobernador Agustín de Zurbarán, por los años 1535-1540, e incluso le atribuía a éste la iniciativa del proyecto. Tal planteamiento se sustentaba en lo escrito por el historiador fray José de Sosa en su Topografía de la isla Fortunada Gran Canaria (1678), quien lo tomaba de lo que se decía, al respecto, en un pasaje de las Sinodales del obispo Cámara y Murga (1629). Ruego disculpas, pues, al amable lector por introducir en un artículo de prensa tantas fechas y documentos que, en este lugar, resultan farragosos y prolijos.

Pasemos, por consiguiente, a considerar cómo era la primera sede municipal de Las Palmas. Fue un hermoso edificio de factura renacentista, construido con piedra arenisca amarilla. Su planta baja presentaba una logia que se desplegaba en siete arcos sobre columnas toscanas, ocupando toda la longitud del frontis principal. En el centro de la superior se situaba una galería, con varios arcos abiertos a la plaza, protegidos por balconada de la misma piedra. En ambos lados de la fachada sobresalían cuatro artísticos ventanales de estilo gótico flamígero, enmarcados con alfíz. Las diversas dependencias y salas se distribuían alrededor de un patio central, de planta cuadrangular. Fue de los primeros arquetipos de edificación concejil en España e Iberoamérica de los siglos XVI al XVIII.

En su planta baja, la Casa Consistorial albergó la cárcel y las habitaciones destinadas a pósito y alhóndiga (depósito y almacén de granos) y al peso de la harina. En esta sede se emplazó también la Real Audiencia de Canarias, creada en 1526. El magnífico edificio fue destruido por un incendio más de tres siglos después, en marzo de 1842. Domingo J. Navarro, testigo de sus últimos decenios, escribió: «Las Casas Consistoriales, aunque también estaban construidas en sillería de arenisca, no carecían de magnificencia. En la parte baja corría todo el largo frontis una arquería que daba entrada al anchuroso atrio, en cuyo centro arrancaban sobre amplia meseta dos escaleras de la mencionada piedra».

De su estampa se conservan dos dibujos. Uno, anónimo, de principios del XIX, ofrece notable fidelidad; por su importancia, lo he publicado en mis libros de 1978 y 1984 sobre el proceso de urbanización de Las Palmas, y de 2003 y 2009 sobre el patrimonio cultural de la ciudad. El otro fue dibujado por el cronista Álvarez Rixo, quien vivió tiempo en la villa del primer cuarto de la centuria. Hay un tercero, atribuido a Pérez Galdós, quien nació un año después de la desaparición del edificio (aparentemente, es copia del primero). A través de ellos podemos conocer hoy de la elegante imagen de la centenaria Casa Consistorial. El viejo Palacio Municipal de Las Palmas (1518-1842) compartió el momento inaugural de la arquitectura consistorial de su tiempo.