"La pintura debería teñirse de las tragedias del mundo"

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

A sus 83 años, Pedro González conserva intactas sus ganas de pintar y todas las mañanas se planta ante el lienzo con sus pantalones de faena. Este hito del arte canario peca de modestia y califica sus obras de chapuzas más o menos acertadas. Su trabajo más reciente se exhibe en el Cicca hasta el 26 de febrero.

Pasó de la abstracción a la figuración, ¿cómo fue esa transición? Realmente, no pasé de la abstracción a la figuración porque antes hubo una época en la que me impresionó el hombre que rodeó el mundo con sus máquinas. Una de las cosas que me impresionó es que se decía que allí, en el espacio, la derecha y la izquierda no tenían sentido. Pero, ahora, la izquierda y la derecha parecen lo mismo. Casi, pero la izquierda es la que manda... Bueno, relativamente. Ahora mandan más los mercados. Es verdad. Ahora mandan los mercados. Pero, volviendo al tema, me impresionó que no hubiera ni derecha ni izquierda porque no había referencias para identificarlas. Entre la abstracción y la figuración, vino esa fase del espacio. Después ya se metieron una serie de temas: el bosque, el paisaje del agua, el mar que me obsesionó porque en la isla, uno de los espacios más imponentes, es el mar y evadirse de él cuesta muchísimo. Generalmente, el mar forma parte de nosotros. Como para el de Castilla las tierras, el mar es un horizonte constante para el isleño. No sólo es infinito sino que es un mar de posibilidades y da libertad absoluta para pintar. ¿Franco fue un revulsivo para romper barreras creativas? Fue exactamente como usted dice. Porque, mientras que en España se hacía una pintura de paisajes, magnífica, por cierto, en París se daban las pautas para el arte moderno. Fue un tiempo de contraste, entre una nación pegada a la realidad cotidiana amable y al paisaje y unas tendencias que estaban en pleno auge en París: Picasso, Rouault, Modigliani... una serie de pintores que marcaban las pautas. Mientras, en España, con Franco, se pintaba bien, pero los pintores estaban amarrados a un paisaje amable que negaba la realidad, porque la realidad, con Franco, era contra Franco. Dicen que es un artista influyente, ¿se ha sentido reflejado en la obra de otros? No. Puede que alguno siga mis pautas abstractas, pero realmente no me considero influyente en la pintura canaria. Más bien soy un pintor de provincias que hace lo que puede por la pintura: bien, o mal o regular. Lo que sí destaco es que la pintura, para mí, es una ventana de libertad, no de recuerdos, sino de libertad. Una pintura a la vieja usanza deja de interesarme. Una ventana de libertad y compromiso, porque retrató con crudeza la inmigración. ¿Cree que al arte actual le falta ese compromiso social? Algo le falta. Toqué esos temas: la miseria en el desierto, las pateras, la tragedia de esa gente que viene... y realmente algo le falta al arte. La prensa convoca a la gente y la cita a las tragedias mundanas en todos los países y lugares, pero la pintura debería teñirse de estas tragedias como se ha teñido en todas las épocas. Aunque antiguamente era el clero el que dictaba los temas y estaba condicionado por la religión. Ahora trabaja el color. En los últimos años usé grises y ocres, practiqué el formato. Cuando estuvo hecho, metí el color. Es consecuencia de un formato que tiño de color. Hay escuelas que practican el color y lo meten desordenadamente. Yo he practicado la abstracción para distribuir los espacios y formas en el cuadro. El resultado me liberó del color. Al liberarte del color es cuando puedes meterlo. ¿A qué obedecen las figuras humanas que caminan en sus lienzos? En esa serie, la gente no sabe dónde va. Quiere decir que tienen un horizonte que es el mar, que no es posible saltárselo. De hecho, hay cuadros con tendencias suicidas.