La panza de burro, nuestro pequeño efecto invernadero

ETIQUETAS:

Viene a ser como la teoría de la relatividad, en la que la percepción del espacio y del tiempo varía en función del observador. Algo así ocurre con las nubes veraniegas del norte de las Islas más montañosas: si se mira desde abajo es panza de burro; si se sube a la cumbre y se observa a tus pies, la misma masa nubosa se impregna de poesía y es mar de nubes; y si se le pregunta a un meteorólogo, lo que hay es un apelotonamiento de estratocúmulos.


De una forma o de otra, estas nubes, que tantos veranos han chafado a unas generaciones ávidas de los rigores estivales, son una condición de la normalidad meteorológica insular. Su ausencia de los cielos de ciudades como Las Palmas de Gran Canaria sólo puede indicar tres cosas: que nos enfrentamos a una ola de calor; que el cambio climático está más desarrollado de lo que pudiéramos imaginar; o que estamos en invierno.


Porque, de acuerdo con los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), lo normal en verano es estar bajo la sombra de la nube. Por mucho que ahora se queje más de uno. «No hay nada extraño con la panza de burro», expone el jefe de predicción de la Aemet, Jesús Agüera, «el número de días despejados en los meses de julio y agosto suele ser tres o cuatro».


Tomando como referencia el periodo 1971-2000, que es el periodo que analiza la Guía resumida del clima en España, se constata la misma tendencia: el número de días despejados en verano ronda los once, mientras que los nubosos son el doble. Según la Aemet, los meses más nubosos en Las Palmas de Gran Canaria son los de junio, mayo, abril, julio y agosto. Por contra, los que tienen un mayor porcentaje de días despejados son, por este orden, diciembre, enero, febrero y marzo. El resto se situaría en un escalafón intermedio.


La alternativa veraniega a la panza de burro es, cuando menos, igualmente insoportable, como atestiguan los golpes de calor de julio de 1995, cuando las temperaturas subieron ocho grados por encima de lo habitual y el sol se cobró la vida de siete personas en todo el Archipiélago canario.