La Otra Orilla. Ojalá no lo consigan

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Cuando el presidente del Gobierno pide que se prolongue más de 40 días la retención de los subsaharianos en las islas ¿qué persigue? Cuando la vicepresidenta dice que la inmigración colapsa la sanidad de las islas ¿qué nos transmite? Cuando el consejero de Justicia y Seguridad advierte que en unos días 6.000 inmigrantes podrían estar en nuestras calles ¿qué nos dice? Cuando la alcaldesa de La Laguna se niega a un nuevo centro de internamiento y lee violentamente un texto inaceptable en el fondo y en la forma ¿qué provoca?  Cuando el presidente de Coalición Canaria arremete contra los que, según él, pretenden hacer de las islas el campo de concentración de África, ¿qué es realmente lo que nos comunica? Ninguno de ellos ha leído la brillante primera parte del discurso de su portavoz en el Parlamento canario en el desilusionante pleno sobre inmigración.

Yo se los digo. Lo que nos dicen es que nos lancemos ya a la calle. Dudo que Adán Martín obvie que si los inmigrantes están más de 40 días, los centros se convertirán en mini ciudades sin orden, donde lo único que se prolonga es la angustia de sus prisioneros. Eso sí, la vice no explica por qué no hay un hospital público en el sur de Tenerife y Gran Canaria,  ni cuántas uvi móviles y ambulancias hay en esas zonas. El mensaje de Ruano me duele aún más, porque yo sí lo he visto en África, porque sabe lo que ocurre allí y porque este hombre ilustrado que está en la lista de los presidenciables conoce hasta la última acepción de cada palabra que pronuncia. La alcaldesa ha demostrado que su ejemplar gesto con Salimata  la pilló en un momento de debilidad y ahora se une al sindicato del miedo.  Y  son muchos los que se preguntan a qué juega Paulino  en el Congreso elevando el tono a lo inadmisible.

Lo que ninguno dice es que ya hay niños a los que sus compañeros les dicen que vuelvan a África en pateras, aunque sean latinos y vecinos que gritan en Los Cristianos a los cayucos e insultan a quienes los atienden.

Ya limpian las calles  para que una horda de bárbaros exhiba su odio. Yo también tengo un sueño: que no lo consigan.