La moneda sitúa a los mallorquines

24/12/2014
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El coordinador general de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos del Cabildo de Gran Canaria presentó este martes en rueda de prensa las nuevas dataciones, tras estudio del carbono 14, de los principales yacimientos de la Isla. De algunos de ellos, como el Cenobio de Valerón, a pesar de su peso histórico, no había fecha cierta sobre su uso, del siglo XIII al XV.

El nuevo mapa arqueológico de Gran Canaria pone fecha a los principales yacimientos de la Isla, después de la última campaña de dataciones llevada a cabo por el Cabildo. El coordinador insular Larry Álvarez apuntó que ahora hay información certera y actualizada de lugares tan emblemáticos como el Cenobio de Valerón, un granero colectivo utilizado entre los siglos XIII y XV y sin datación anterior; o el Roque Bentayga, escenario de acontecimientos clave durante la Conquista, que ahora los expertos señalan como ocupado entre los siglos IV-V y primera mitad del XV.

A través de la web www.grancanariapatrimonio.com el usuario puede acceder a estos y otros datos bajo el epígrafe Gran Canaria C-14, un viaje en el tiempo, que aglutina los resultados de meses de estudio de una decena de espacios –Caserones (La Aldea), Necrópolis de Maspalomas (San Bartolomé de Tirajana), Tufia (Telde), La Fortaleza (San Bartolomé de Tirajana), Las Guayarminas y Bocabarranco (Gáldar), Temisas (Agüimes), Bentayga (Tejeda), Risco Caído (Artenara), Maipés (Agaete) y Cenobio de Valerón (Guía)–.

Pero quizás el gran orgullo del área de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria sea el resultado de la profunda investigación llevada a cabo sobre una moneda hallada en la Cueva Pintada en 1991. Nada menos que 24 años han tardado en desentrañar la misteriosa procedencia del vellón forrado en plata, algo inusual. Ayer, para explicarlo, junto a Larry Álvarez estaban los arqueólogos María del Cristo González y Javier Velasco. Tras el exhaustivo estudio de la moneda, muy deteriorada por el uso y el tiempo que estuvo bajo tierra, se determinó, gracias al análisis de su aleación, que no era castellana. Tras superar «prejuicios», dijo González, se pasó a abrir mente y ojos, y lupa en mano, llegar a la conclusión de que era aragonesa. Tras su análisis metalográfico, y con la ayuda del CSIC, se supo que la moneda era de tiempos de Jaime II de Aragón (1267-1327). Esta es, por tanto, la única «prueba tangible» de la presencia de mallorquines en la Isla antes de la Conquista.