La luz de Giraldo entrará en el San Martín

El taller de Giraldo parece el de un mecánico-alquimista. Botes de mil tamaños y colores comparten espacio con máquinas, hornos, maderas y metales. Estos días, el creador de 74 años, se afana en acabar la restauración de las vidrieras de la Iglesia del antiguo Hospital de San Martín.

Las mesas de trabajo de Juan Antonio Giraldo están invadidas por puzzles de cristales de colores. Sin duda, el artista está muy entretenido con esta labor meticulosa, cuyo resultado se apreciará cuando se inaugure, el 25 de marzo, el nuevo centro cultural del Hospital de San Martín.

En su taller de Tafira, el polifacético creador repara cuatro cristaleras, cada una de ellas formada por tres piezas.
Todas han requerido del trabajo de Giraldo que ha repuesto fragmentos de cristal desaparecidos o rotos. Además, el artista también ha tenido que hacer una vidriera completa cuyo deterioro la hacía irrecuperable.

Para restaurar un ventanal al que le falta un pequeño cristal, tiene que desmontar toda la vidriera, separar cada uno de sus coloridos vídrios engarzados en guías de plomo, sustituir el fragmento cortándolo y proporcionándole el color más parecido al original. En otros casos, cuando el cristal está rajado, Giraldo prefiere unir la pieza rota colocando una nueva guía de plomo. Esto permite conservar el dibujo original que, según el restaurador, se realizó en los talleres de los hermanos Maumejean, unos vidrieros franceses que instalaron sucursales de su negocio en varias ciudades de España a mediados del siglo XIX. «Son igual de valiosas que las de la Catedral», explica el artista, que también las reparó.

Más difícil aún es crear la vidriera que falta. El artista corta cada trozo de cristal siguiendo un patrón y le imprime el color y el dibujo horneando el vídrio tres veces. Luego compone el puzzle sin romper las piezas.

Dentro de unos días acabará las vidrieras. «Estamos luchando con ellas tres personas», dice.