Los ciudadanos son desviados a Gran Canaria o Lanzarote

La isla carece de una residencia para personas con un trastorno mental de larga duración

10/10/2015

Fuerteventura adolece de una residencia donde acoger a las personas con enfermedades mentales que no son autónomos y cuyos padres y familiares se han quedado mayores para ocuparse de ellos. Es la principal reivindicación de la celebración ayer del Día Mundial de la Salud Mental.

Una residencia para estancias largas donde vivan personas no autónomas es la necesidad más apremiante expuesta con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. La Asociación Majorera por la Salud Mental (Asomasamen) y los centros de día de rehabilitación psicosocial de Fuerteventura organizaron ayer un mercadillo de artículos de segunda mano y un expositor informativo en Puerto del Rosario con motivo de esta efemérides.


«Aunque sea una miniresidencia» para acoger a estas personas cuyos padres y familiares más cercanos han ido envejeciendo y no pueden cuidar de ellas. Candelaria Santana González, psicóloga coordinadora de los dos centros de día, no duda al indicar la necesidad más prioritaria de estos ciudadanos. En la actualidad, este tipo de enfermos es derivado por las unidades mentales de los centros de salud a las residencias que sí existen en Gran Canaria y Lanzarote.

Criterios. Las infraestructuras con las que sí cuentan estas personas en Fuerteventura son los dos citados centros de día de rehabilitación psicosocial: uno situado en Puerto del Rosario que oferta 22 plazas; y otro en Gran Tarajal con 23 plazas. A ambos acuden ciudadanos que pueden vivir en sus hogares e insertarse en la sociedad para aprender habilidades de la vida diaria y  técnicas de inserción laboral. También cuentan con un piso gestionado por Asomasamen, aunque financiado por la Consejería insular de Bienestar Social.


Los centros de día de rehabilitación psicosocial comenzaron a funcionar en 2002  en locales cedidos por los ayuntamientos y ahora ya cuentan con infraestructuras propias. Entre los criterios de admisión, destacan que hay que tener entre 17 y 64 años y padecer deterioro en una o varias áreas cognitivas, afectiva o social.

Censo de hace diez años. El censo de personas con un trastorno mental de larga duración, con discapacidad de moderada a grave, data de hace diez años: 170 adultos que necesitan recursos asistenciales diferentes. En la actualidad, este número ha aumentado.