La inteligencia se juega sobre piedra

«Siéntate a jugar conmigo». Es la invitación que hace José M. Espinel Cejas, apasionado de las tradiciones. Y no es una propuesta meramente lúdica sino que lo suyo son juegos que ayudan a ejercer la inteligencia y que proceden de la cultura prehispánica.

Catalina García
CATALINA GARCÍA

Patrimonio cultural y matemáticas se dan en la mano en los juegos tradicionales de inteligencia que se exponen hasta el 30 de noviembre en el centro cultural Raíz del Pueblo de La Oliva y que ha recopilado José M. Espinel Cejas. «Cuidado, no son juegos de mesa», avisa este investigador y apasionado de las tradiciones.

Son juegos prehispánicos que han llegado hasta la actualidad y que se llaman de inteligencia por su carácter matemático. Su pervivencia la aseguraron sobre todo los pastores de cabras que los practicaban al aire libre con amigos y familiares sobre piedra mientras atajaban el ganado. En Fuerteventura, destaca Espinel Cejas, los jugaron también los taxistas del antiguo aeropuerto hasta 1997; en Tenerife, los pescadores de Puerto de la Cruz a los dameros y los niños del colegio de Las Galletas robaban las tizas a la maestra para jugar al perro y las cabras.

Ejercicios de inteligencia. Los juegos tradicionales de inteligencia van más allá de la etnografía y se enmarcan en la neuróbica. «No solo estamos rescatando nuestro patrimonio prehispánico, sino que mantenemos el cerebro activo mediante juegos. Son ejercicios neuróbicos tremendo que ayudan a ejercer la inteligencia».

Estos juegos se dividen en cuatro tipos: de alineamiento, como la chascona o el tres en raya; de persecución (el gato y las palomas, que es Fuerteventura se denomina el perro y las cabras); del grupo de damas o de sedrés, que es una especie de damas con piedritas; y por último los rompecabezas o solitarios «que son muchos y se juegan en tableros de estrellas de cuatro, cinco o varias puntas. Todos se jugaban al aire libre, fuera de casa, rayando el suelo y como fichas unos burgaos, calladitos de la playa, unas piedritas, garbanzos y millos, incluso canaíllas.

En Fuerteventura pervive la chascona, que antes se jugaba en toda Canarias y que el investigador José Espinel asegura que también figura grabada en los bloques de las pirámides del antiguo Egipto.

Espinel Cejas califica al damero localizado en Valle Sí (Tefía) como «la joya etnográfica» de Fuerteventura. Encontrado en un soco o refugio de pastores fabricado con piedras, lo custodia la familia Sosa-Cabrera desde hace 5 años. El damero permite jugar a unos cinco juegos distintos como el sedrés, el gato y las palomas, rompecabezas y el chiquichasque. La pieza se localiza a la entrada de la exposición que se puede contemplar hasta el día 30 de noviembre en el centro cultural Raíz del Pueblo de La Oliva con motivo de los 45 años del colectivo.

Este rompecabezas, o solitario, solo lo jugaba en Fuerteventura Pancho Mosegue, pastor de Tindaya, según las investigaciones de José Espinel. «No sabía donde lo aprendió, pero seguro que antaño tenía más difusión en la Isla». Rompecabezas es el término empleado popularmente entre los majoreros para denominar a esta clase de juego de estrategia. Aunque es un solitario, se prefiere practicarlo en compañía, «a modo de pique o de desafío mutuo, como una manera de medir la inteligencia entre ambos». En la actualidad, el rompecabezas está relegado a un uso esporádico, apostilla Espinel Cejas, puesto que requiere la solución de un problema de lógica matemática que no suele ser fácil de resolver.

Como la mayoría de los juegos tradicionales de inteligencia, el final del rompecabezas comenzó cuando la electricidad y el agua corriente revolucionaron los hogares en las décadas 50 y 60 del siglo XX. La gente dejó reunirse en las fuentes, fuera de sus viviendas o en los mentideros, y el pastoreo empezó su retroceso.