La importancia social de los jubilados

SEGISMUNDO URIARTE

Vivimos en una sociedad en la que parece que sólo hay tiempo para actuar, y actuar en el sentido de ser productivo y competitivo, si no es así, la persona se convierte en un peso social. En este contexto, la persona jubilada puede sentirse un ser inútil porque es éste el valor transmitido por los códigos sociales a los más jóvenes. Suele casi siempre asociarse a una persona jubilada con alguien que está sentado en un parque, sentado ante una mesa jugando a las cartas o al dominó, haciendo un curso de manualidades, bailando en algún club de la tercera edad o yendo de excursión en los viajes del Imserso. Ser jubilado no es solamente eso, que no hay que despreciar, sino que es algo más. Estar jubilado no supone perder la profesión que se ha tenido. No existe la profesión de jubilado. Pensar que una persona jubilada debe arrimarse a un lado despojándole de su profesionalidad, es, no sólo una soberana necedad, sino una falta de respeto. La juventud y los jóvenes adultos no dan el suficiente valor al jubilado porque entienden que está desfasado de la realidad sociocultural en la que aquellos se mueven. Hay que tener en cuenta que en la realidad social en la que nos movemos, los jubilados están siendo un importante dique de contención de unas aguas cada vez más turbulentas. Sería interesante conocer cuántos jubilados están sosteniendo actualmente con sus pensiones a las familias maltrechas por la crisis. Habría que analizar en profundidad lo que está suponiendo para la paz social de este país esas pensiones de las que tan alegremente se habla en no pocas ocasiones cuando se cuestiona su existencia o su cuantía como si las mismas fueran un regalo y no un derecho adquirido por la aportación de cada trabajador. Habría que estudiar el papel de los jubilados en la economía que todos entendemos, alejada de esas macroeconomías que están muchas veces a años luz de la realidad de cada ciudadano que tiene que sacar adelante cada día a su familia. Sería interesante conocer el papel que, como consumidores y usuarios, están teniendo en nuestro tejido empresarial. A los jubilados hay que reconocerles la importancia social que tienen y no colocarlos «en la estantería» olvidando no sólo el papel que están jugando sino también que fueron ellos los que han construido la riqueza y la prosperidad de una sociedad que es muy proclive a ignorarlos olvidando que muchos jubilados quieren ser socialmente activos o productivos, quieren hacer cosas de interés real que les estimule el cuerpo, la mente y el espíritu y que, al mismo tiempo, les dé un lugar más activo en la sociedad. Es responsabilidad de la sociedad dar a los jubilados el valor que tienen como personas creativas, responsables y contributivas a una paz social cada vez más necesaria. Habría que pensar en lo que pasaría si todos los jubilados se levantaran, se pusieran a andar y gritaran ¡aquí estamos! Pudiera ser que el ruido de sus pasos y el sonido de sus voces hicieran temblar a muchas estructuras de poder y de economía que ahora sólo los tienen en cuenta para pedirles su voto o la domiciliación de su pensión.