La fabulación flamenca de Fierro

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Facundo Fierro recuerda al holandés errante. Su vida ha tenido como escenarios París, Niza, Marsella, Madrid o La Habana. Ahora, 33 años después de su última exposición en su Isla natal, su pintura desembarca en el Cicca en un proyecto doble: una lectura personal del arte flamenco y una pequeña muestra antológica.

Su inmersión en la huella flamenca en Canarias se inició en La Palma, en la casa donde vivió Luis Van de Walle Van Praet en el siglo XVI. La torre desde la que se divisiba el puerto, el mar que lo unía y lo separaba de su Flandes natal, su nostálgica mirada en busca del horizonte son algunos de los motivos que inspiraron a Facundo Fierro (1938, Gran Canaria) en su fabulación pictórica sobre el comerciante.

Esta recreación de la huella y el entorno del emigrante holandés le sirve de excusa para abordar la pintura de autores como Frans Hals, Sebastiano del Piombo, Tiziano, Vermeer y Hans Holbein, entre otros. «Renuncio a mi pintura para tomar el lenguaje de estos pintores», comenta el artista, que incluso imagina los posibles rostros que podría tener el primer Van de Walle que se instaló en Canarias y elabora un retrato robot a partir de un retrato datado a principios del siglo XVII de su nieto.

El resto de la muestra recoge la variedad temática, estilística y técnica de Fierro, cuyo interés se divide entre la crónica histórica y el medio ambiente. Ejemplo de ello es el retrato de Juan Carlos I y el Rey Felipe VI. «Lo empecé cuando las primeras elecciones y se acabará cuando haya Gobierno», comenta sobre el cuadro. La acuarela la descubrió cuando se instaló en París en 1976. «Allí viví del aire. No tenía sentido de la vida ni del futuro. Cuando fui a París, o empezaba una vida nueva o me iba morir. Estaba desencantado. Unos optan por el suicidio. Yo fui al río y, en lugar de tirarme, empecé a mojar los pinceles en él», dice el creador cuyo trabajo llamó rápidamente la atención de importantes marchantes.

Tras su etapa parisina vivió intensamente la movida madrileña con amigos como Aranguren, Rafael Moneo, Rafael Canogar o Lucio Muñoz.

También residió en Lanzarote, en Marsella y en Niza, donde fue distinguido como pintor nicoisse, como Picasso.