La eficacia de la terapia ecuestre

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Las actividades con equinos se está convirtiendo en una alternativa para la rehabilitación e integración de personas con discapacidad psíquica y física. Un equipo multidisciplinar forma parte de la Asociación de Fomento de Terapias Ecuestres de Canarias (AFTEC) en El Cortijo, que atiende a unos 80 niños a la semana.

Pero no sólo los pequeños disfrutan de esta iniciativa, también adultos y mayores se apuntan cada vez más a salir de su entorno y probar estas técnicas. Hace unos días lo hicieron, por ejemplo, personas de la residencia Queen Victoria y la próxima semana lo harán los del CAMP de San José de Las Longueras, que pertenece al Cabildo de Gran Canaria. Posteriormente les tocará el turno a los del CAMP Reina Sofía, en El Lasso.

Por este motivo ayer se acercó hasta el recinto de Jinámar el consejero insular de Políticas Sociales, José Miguel Álamo. Es un convencido defensor de los beneficios de estas terapias, que empezarán a realizarse con los usuarios de los centros que atienden a discapacitados intelectuales.

Los principales usuarios de esta propuesta son los que padecen del trastorno de espectro autista (TEA), pero también trabajan con niños con Síndrome de Down.

Cleo. Dólar y Pelusa son los tres caballos que forman parte de la terapia, aunque se utilizan ponys y otras propuestas como musicoterapia y aromaterapia.

La AFTEC, única en Canarias con estas características, comenzó hace un año y medio a ofrecer estas intervenciones. El primer colegio en apuntarse fue hace un año el CEIP Poeta Fernando González, de Telde, que acude con los niños del Aulas Enclaves dos veces al mes, costeado por las propias familias. Posteriormente se apuntó el CEIP San Juan de Telde. Los estudiantes de ambos centros escolares estaban este martes en El Cortijo.

La Asociación, sin ánimo de lucro, está compuesta por profesionales del ámbito de la educación, la salud y la intervención social, especializados en terapia asistida con caballos y reconocidos por la Federación Española de Terapias Ecuestres. Entre ellos hay psicólogos, pedagogos y una fisioterapeuta, además de nueve voluntarios que ayudan en las tareas cada día.