La canción del pirata (informático)

ANTONIO F. DE LA GÁNDARA

El estudiante de informática acusado de asaltar el sistema de la ULPGC con la clave de un muerto confesó su crimen, aunque aseguró que no había ido más allá del placer de verse capaz de hacerlo. Se investigan posibles estragos.

Evaluando daños», parpadean los monitores de la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT). Los expertos de la Policía Nacional se afana en estos días en peritar hasta qué punto el estudiante de Informática de la ULPGC que entró en el sistema de la Universidad con las claves de un profesor muerto y accedió a los datos de cerca de 16.000 usuarios lo hizo únicamente para sacar pecho por su hazaña nada extraño entre freakies del microchip, advierten los expertos o causó todo el daño que cabría esperarse de un ataque tan aparentemente letal al corazón de la institución.

«Fue sólo un desafío personal», afirman fuentes autorizadas que alegó el presunto hacker, cuando fue detenido el pasado 10 de febrero acusado de ultrajar datos de 16.000 usuarios de la ULPGC. El caso, actualmente en fase de diligencias previas, se investiga en el Juzgado de Instruccón número 2 de Las Palmas, y los datos gotean al ralentí, como en piedra de destiladera: es un estudiante de segundo de Ingeniería Informática de no más de 25 años, tiene origen sudaméricano pero pasaporte español, vive con su madre y sus hermanos en una casa terrera de un barrio capitalino, estudió antes al menos un curso de Medicina y tiene los conocimientos propios de, dicen fuentes conocedoras del proceso un «hacker [pirata informático] de nivel».

Admite que fue traspasando vulnerabilidades del sistema y que pudo haber causado estragos por ejemplo, haber cambiado sus notas o montado un negocio para modificar las de otros pero, cuentan las fuentes consultadas, asegura que no lo hizo, que sólo era una cuestión de desafío personal. A la espera de que los expertos policiales de la UIT en Madrid evacuen informes, lo único que parece objetivable es que el sospechoso accedió al sistema informático de la ULPGC sólo durante unos meses de 2015 y utilizando el password (clave) de un profesor que había fallecido en 2013.

Qué paisajes binarios transitó el ahora investigado es materia que queda por determinar, aunque quienes han estudiado el interrogatorio al que fue sometido ven muy posible que sea cierto lo que alega y que sólo navegara por el terreno prohibido por puro romanticismo esproncédico. Si se confirma tan tesis, la Justicia no tiene gran cosa que decir. Del corsario.

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