La Arista. Miseria oculta

14/01/2007

Hay hechos significativos que en Canarias destapan lo indeseado. El  'Delta' dejó al aire nuestras deficiencias en materia energética; los tribunales han destapado la corrupción en muchas esferas de la vida pública canaria y las deficiencias del sistema político. Ahora, es la muerte violenta de un bebé, la que pone al descubierto nuestro fracaso como sociedad. Si hemos sido capaces de generar una situación como la vivida esta semana en Fuerteventura, debemos reflexionar seriamente qué es lo que estamos haciendo con el bienestar que ha generado el desarrollo de Canarias en los últimos 25 años. Debemos pensar qué hemos hecho con los miles de millones invertidos en  educación, sanidad, vivienda y empleo, que tanta  rentabilidad política ha proporcionado.

No es cuestión de hacer un análisis socio-político de los servicios sociales, ni poner el acento en su funcionamiento como elemento fundamental de la vertebración de la sociedad canaria. Más bien habría que analizar, si se trata de un fracaso colectivo. La existencia de bolsas de extrema pobreza, sea económica o cultural, debe cuestionar profundamente el modelo social en  que estamos  embarcados y en el que vivimos, de forma frenética, los canarios.

Posiblemente tampoco se trata de un fenómeno autóctono éste de la miseria en los términos protagonizados esta semana por  Inma, Yeray y Yunaisy.  Asimismo,  nadie tiene, en estos momentos, capacidad para adoptar decisiones, que cambien, de forma radical, los comportamientos sociales que ya funcionan a escala universal. Ahora bien,  sí existen recursos para intervenir  y evitar el máximo de sufrimiento y miseria. El estilo de vida y el submundo que nos han mostrado Inma, Yeray y Yunaisy, y que según hoy revelamos en nuestro periódico, no es un caso aislado, sino un fenómeno de pobreza que está extendido en los barrios de las ciudades más prósperas de Canarias.  Y lo que es más grave: se trata de una pobreza que no es detectable a simple vista.

Las teorías sociales, al uso hacen referencia constante a los cuatro pilares básicos de la sociedad del bien-estar. Una teoría social que hunde sus raíces en la Europa de finales del siglo XX  y en la que la salud, la educación, el empleo y la vivienda, constituyen las bases de las políticas sociales de todos los gobiernos. Un modelo que hemos seguido también en Canarias, pero, olvidando un elemento fundamental de éstas y es que tendrían que ser políticas integradoras. Me cuentan que una mujer acaba de renunciar a su casa social en Jinámar. Lo hace porque se le ha adjudicado una vivienda, que en vez, de mejorar su calidad de vida, la agrava. Su unidad familiar son  ella y sus dos hijos menores de edad. No tiene quien se los recoja, ni con quién dejarlos cuando no van.  Su dilema es claro: o seguir limpiando escaleras y  sobrevivir en una casa de alquiler, pero cerca de  su entorno familiar que le facilitan la vida,  o dejar de trabajar para morir en un flamante piso, en un barrio de la periferia.  Una familia no tiene un solo problema. Cuando tiene problemas, los tiene todos y la intervención social se debe hacer de forma integradora y  coordinada.

En Canarias existen servicios sociales, en algunos sectores buenos servicios sociales, pero trabajan para los reyezuelos de turno. Se han creado servicios dependientes de los objetivos políticos-electorales del momento. Y nuestro momento político, busca esconder la miseria, no abordarla de forma cruda y erradicarla en todas sus formas.

La dinámica propia de la globalización y de la sociedad de la comunicación y la imagen, imponen servicios sociales destinados a ocultar y maquillar todo el sufrimiento y la miseria. De nada sirve erradicar las chabolas. Acabamos con la imagen, pero no con la pobreza radical y el abandono de sus habitantes.  Los chabolistas están ahora integrados en el paisaje de la sociedad del bienestar, ocultos por el ruido de la felicidad ficticia.

Son éstos ejemplos de  políticas sociales de estética, cuyo objetivo es esconder la miseria y hacer coincidir la prosperidad y el desarrollo con la apariencia de la felicidad.

Los canarios nos hemos enganchado al primer mundo. Lo hemos hecho muy rápidamente y presumimos de nuestro desarrollo, pero lo hemos hecho sin pensar en los que se quedan en el camino. Hemos creído que caminábamos todos juntos porque todos estamos en el mismo paisaje, pero esto es, sólo, es una falacia más.