Boxeo

Kid Tano, grande entre los grandes

18/11/2012
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Cayetano Ojeda Herrera, Kid Tano. Huelgan presentaciones. Para el boxeo canario la figura del «campeón del silencio», como así se le bautizó por ser sordomudo, abarcó todos los registros y extremos. Reconocido como uno de los más grandes entre los grandes, desde La Isleta destapa su privilegiado álbum de recuerdos.

Nunca imaginó aquel pastor de cabras, porque Kid Tano (Las Palmas de Gran Canaria, 1940) pasó parte de su niñez al ciudado de un rebaño, que ponerse unos guantes le iba a dar tanta fama y prestigio. Y todo empezó por un alarde de curiosidad. «Iba con los animales por Fincas Unidas, que era antes la zona de Arenales, mi barrio, en los años cuarenta. Allí estaba el gimnasio El Español, donde ya comenzaba en el boxeo Orteguita, entre otros... Un día, al verme mirar, porque aquello me gustaba, me dijeron que entrara...Ya no salí», evoca Kid Tano, a quien instruyó en sus inicios el mítico César de Llanos, el auténtico gurú de una saga memorable.

Desde los catorce años subido en el ring, Kid Tano no encontró inconvenientes en su discapacidad auditiva y vocal para aprender y evolucionar. Incluso se permite alguna broma al respecto cuando echa la vista atrás. «Cuando peleaba con compañeros y alguno se pasaba, no me hacía falta decirle nada. Con darle un toquecito ya estaba avisado. Y más de una vez me llevé por delante a algún árbitro», aclara. La vocación de sus maestros, «que amaban el boxeo, se dedicaban en cuerpo y alma y tenían una paciencia enorme», explica que su figura de campeón se forjara sin saltarse los tiempos.  En 1959 da el salto a la categoría profesional y arranca una carrera imparable jalonada de títulos y veladas eternas que todavía permanecen en la memoria popular. Kid Tano ostenta el récord español de defensa del Nacional de los pesos pluma y ligero. Hasta en 25 ocasiones lo disputó, logrando retenerlo en veinte, pues únicamente cayó cinco veces. Una gesta todavía no igualada y que ayuda a cuantificar la magnitud de un boxeador único, que alcanzó niveles de celebridad exclusivos y que hoy, casi treinta años después de su retirada, mantiene un aura especial.

En 1962 pasó a la posteridad como el ganador del primer Nacional disputado entre dos canarios, al derrotar a Miguel Calderín, Kimbo, y, hasta que decidió dejarlo en 1973, su dimensión no conoció fronteras. Dos títulos europeos también disputó, ante Franco Brondi en Milán y contra Pedro Carrasco en Madrid, aunque sendos intentos continentales no pudieron ser rubricados con triunfos. «Brondi y Carrasco fueron dos grandes rivales. Yo recibí, pero ellos también», ironiza. En total, 98 combates, con 73 victorias, 36 de ellas por ko, 16 derrotas y nueve nulos.

Kid Tano es reacio a enumerar méritos. No va con su talante. «¿Una estrella? Nunca me consideré más que nadie. Me limitaba a entrenarme, pelear y tratar de ganar. Gracias a Dios fueron muchas la alegrías que me dio el boxeo y con eso y mi familia me quedo», expone. Cuando habla de su gente, hace un apartado especial para nombres ilustres como García Gancho o Cesáreo Barrera, con los que compartió concentraciones en Madrid con la selección: «Eran mis hermanos. Juntos pasamos frío, hambre, alegrías, nos dimos algún que otro puñetazo con los guantes, vivencias que son imposibles de resumir. Nos queremos muchísimo y todavía nos juntamos de vez en cuando para recordar los viejos tiempos». Esos viejos tiempos que, como admite emocionado, «ya no volverán».