José Rodríguez aprovecha un pregón prestivo para reivindicar "el país canario"

07/10/2007

El soberanismo ya se cuela hasta en los pregones festivos. Eso es lo que hizo el editor de El Día aprovechando que el municipio de Santa Úrsula lo eligió como pregonero.

El editor de El día, José Rodríguez Ramírez, incluye su reivindicación soberanista en el pregón de inicio de las fiestas de Santa Úrsula, en Tenerife. En el discurso pronunciado la noche del sábado, el dueño del periódico tinerfeño hace una proclama en defensa del "país canario".

Según el rotativo tinerfeño,  Rodríguez Ramírez leyó su discurso "desde el balcón del ayuntamiento, ante medio millar de vecinos y tras la presentación de su amplia trayectoria personal y profesional a cargo del alcalde de Santa Úrsula, Ricardo García".

El Día destaca los siguiente párrafos del pregón:
"(...) No he querido empezar este pregón copiando íntegramente, pero con algunos cambios, la historia de la localidad, porque mi deseo es que se escuche algo de la música mía, la que he intentado componer, con algunos arreglos, para escribir con mis propias manos un original salido de mi cerebro, de mi vista, de mi pasión por la tierra canaria, de mi sensaciones, de mi corazón, en fin.

Chimaque, fuente de vida... Francamente, es la primera vez en mi vida enteramente tinerfeña y canaria que sé que es el antiguo nombre que recibían las tierras situadas entre La Orotava y La Victoria y que esta palabra es de origen guanche, de la abundancia de agua existente en las zonas altas que daba nombre a esta zona (...).

(...) Según dicen los libros de historia, Santa Úrsula fue la misma doncella, y como tal virgen y mártir, bretona o de la bretaña francesa, hija de Donato, que era el rey de la región, fallecida en Colonia, Alemania en 451 (sobre esta fecha no hay coincidencia alguna).

Ciertos diccionarios la sitúan en el Siglo III, allá por 300, y era el nombre que, se dice, tenía la hija de Alejo, que vivía en 1587 -hablo de un hombre del pueblo-, a la que su padre puso tal por la devoción que sentía por la santa, devoción que le llevó a ceder un terreno para la edificación de la Parroquia (...).

(...) Alguna que otra vez, el pregonero de este momento, es decir, yo, ha disfrutado, allá en su juventud, y también en su madurez, del jolgorio de esta localidad en fiestas (...). Poco, pero con deleite. Y quiero componer alguna música más moderna y actual, para acompañar a esta moderna partitura. La música nos la brindarán las bandas y grupos juveniles (...), y eso es sano y bueno.

La música de cualquier clase debe ser una exhalación de fervor, un reclamo, una exhalación de entusiasmo para que vengan de otros pueblos, de muchos otros lugares, de otras islas, a disfrutar de estas ráfagas de aire fresco, de ese aire entre marino y de monte, y también el propio de esta bellísima y encantadora, y progresista gran ciudad, resultado del asentamiento en unas tierras abruptas, de barrancos, de mucha vegetación autóctona y de huertas y fincas, de Quintas y de nobles habitantes, de los de esa nobleza del espíritu (...).

¡Qué mejor sabor y olor que el de las espléndidas fiestas populares entre gente sencilla, limpia de cuerpo y de espíritu! Fiestas en honor a sus patronos (...), fiestas de la buena gente del país canario, con mayúsculas lo digo; escuchen y oigan bien, sí, del País Canario, que es un país por sí mismo, que nos pertenece a todos, es decir, a todos los canarios, y sólo a los canarios, a los nacidos y a los que hemos adoptado por su grandeza y amor a estas tierras, país colocado por Dios en el Atlántico, en un punto estratégico del Mare Tenebrosum de antaño, y por tantos otros motivos que le hacen verdaderamente diferente, singular, único. Nuestros antepasados fueron sorprendidos en su quietud aborigen y atropellados, masacrados y exhibidos perversamente como curiosidad para su venta en países extranjeros -en Venecia uno de ellos, hay pruebas- por gentes de fuera de aquí, de muy lejos, y muy bien acorazada.

Lo que he dicho es como un prólogo del pregón, porque un pregón debe ser una proclama, un bando y un atrayente canto insinuante, como de sirenas; claro, alto, y lo más corto y sencillo posible, para que todo el mundo lo oiga y lo conozca y lo entienda y acuda; debe ser una llamada, debe convocar, debe anunciar.

Nunca he sido partidario de recoger en un pregón vivencias personales (...). Pero las fiestas de hoy no son las de antes (...), son las que son y, como siempre, se nos ofrecen generosas y gratuitas; pero sí son como las de antes que tenían sabor de carnes en adobo -es lo más simbólico, el olor-, de ajijídes, de cantos hasta picarescos, de mostos y de vinos, de música, de folías, de isas... y de otros sentidos y pasiones del puro folclore que interpretaba la gente sana del pueblo y de la Isla; de sentidos estallantes; una eclosión de isleñismo de la que siempre escribió, en lenguaje llano, preciso y precioso, y sencillo, el escritor y periodista y hombre de gran pasión por su tierra Leoncio Rodríguez, fiestas que continúan muy mejoradas este año. Así las sentimos porque son bellísimas, y acogedoras, y de tan felices dan ganas hasta de llorar, sobre todo y mucho a los antiguos que aún estamos en pie, pero no podemos brincar o saltar de alegría. Lo afirmaba Leoncio Rodríguez, el autor que incluyó esta maravillosa Santa Úrsula en diferentes obras, que incluso colocó algún árbol histórico y tradicional de esta Villa o de sus vecinos colindantes (...), árboles autóctonos, históricos y tradicionales. El hombre fiel a su tierra, Leoncio Rodríguez, al que este pueblo tan isleño, tan grande en dignidad, en honores, en luminosidad, en belleza en suma, le dedicó una calle, una bonita calle principal. Santa Úrsula, que crece mucho, en gente y entusiasmo avanza mejorando todo. El autor que sentía en su alma de isleño a todos los pueblos, villas, parques, montes, árboles, sentía esos alisios puros, frescos, alguna vez un ligero y rápido ventarrón, esos aires de la tierra canaria, y hasta en las ventanas y puertas y azoteas de sus casas abiertas como miradores, abiertas como pasillos de flores y de amistad se refleja la felicidad en todos sus rincones. Leoncio Rodríguez era un hombre solidario y solitario, que andaba entre libros y periódicos y pensamientos, y jilgueros y eucaliptos, y eras de emoción y estallidos estivales, y sabios campesinos, y mujeres exquisitas del campo, de la tierra canaria (...). Fue un republicano que se quedó en independiente, porque para ser un buen canario, para no confundir la canariedad con la política y otros sentimientos de propiedad, de cuerpo y alma, hay que ser independiente, libre, y ese marco de independencia y autonomía es el que suspiraba y anhelaba el Leoncio de ayer, y suspiraba igualmente el canario de ayer y suspira y ansía el canario de hoy. A ver quién dice que no, que no lo siente así. Con inmensa alegría y desde lo más interno de mi alma, me alegro de que en esta Villa gobierne una agrupación independiente, que no está sometida más que al interés de los habitantes que la conforman y no a decisiones políticas tomadas a infinitos kilómetros de distancia de aquí, que eso es realmente absurdo, absurdo. ¿Por qué no hemos de ser nosotros mismos? Mejor, paremos ya, dejémoslo, quedémonos aquí.

Santa Úrsula, la mártir, la virgen, y la del Rosario están aquí, en el corazón de todos los habitantes del municipio. Hay que gozar de la isla, de las fiestas que nos ofrece, antes de que el avance de la llamada civilización o lo que será peor, la llegada de la Alianza de las Civilizaciones que nos invade ya por tantos sitios y entradas, antes de que penetre el intrusismo foráneo y totalmente distinto en nuestras fiestas, en nuestro folclore. Gocemos de estos días y ojalá que no perezcan, que sean eternos; gocemos lo más que podamos de estas fiestas, de estas fiestas que hoy hay que agradecer, y que como siempre estarán acompañadas de la devoción por la Virgen del Rosario, una buena advocación de Nuestra Señora, la madre.

Habrá celebraciones populares y tradicionales, habrá atracciones de todas clases. Gocemos, y que la alegría las refuerce para que no desfallezcan, antes al contrario; que vengan gentes de todas partes de Tenerife, de las islas. Disfrutemos, todos, de estas fiestas. Que sean siempre como las que ya paso a anunciar para este año y que hoy comienzan.

Por experiencia y observación, sé que una de las cosas que hacen instintivamente los espectadores y otros actores, más se tienen presos o se encuentran incómodos, tanto en un acto público o privado, literario o poético, o de historia en los que haya que leer, o en un simple pregón como el que ya voy a pronunciar, para avisar, es fijares en el volumen o cantidad de las cuartillas que el actor tiene en sus manos; en cuántas, más o menos. En este caso mío de ahora mismo son justamente doce, escritas a renglón y medio, calculadas para una duración de un cuarto de hora, tal vez veinte minutos, y no más porque pasado este tiempo el acto se convierte en constante movimiento de cuerpos, de asientos y, lo que es peor, de desatención, por eso aquí leo ya las doce cuartillas, y al aire, al pueble, lanzo este anuncio, este pregón.

Repito lo que acabo de decir, para empezar el pregón propiamente dicho:

Habrá celebraciones populares y tradicionales, habrá atracciones de todas clases. Gocemos, y que la alegría las refuerce para que no desfallezcan, antes al contrario; que vengan gentes de todas partes de Tenerife, de las islas. Disfrutemos, todos, de estas fiestas. Que sean siempre como las que ya paso a anunciar para este año y que hoy comienzan".