Tribuna libre

Intermediarios en el comercio electrónico

02/12/2013

El comercio electrónico ofrece ventajas a los consumidores pues aprovechando Internet podemos comprar cualquier producto a precios sensiblemente inferiores a los del comercio tradicional; el producto llega a nuestro poder ahorrándonos los costes del distribuidor y del comerciante.
Cuando usted accede a una página web y adquiere un producto, ya sea porque no está disponible en los comercios canarios o porque se lo ofrecen a menor precio. Ese producto que viene de Francia, de Inglaterra, o … de Cuenca está «libre de impuestos”, y al entrar en Canarias ha de pagar el correspondiente impuesto, pues todas las adquisiciones de bienes quedan sujetas, con carácter general, al IGIC, que se calcula sobre el valor del producto y los gastos de envío.
Si el producto en cuestión tenía en la página web un coste de 50 euros, más unos gastos de envío de 7,14 euros, el impuesto que tendrá que pagar resulta de multiplicar 57,14 euros por el 7 por 100, tipo general del IGIC, es decir, 4 euros en impuestos. Si usted viviera en Francia, Inglaterra ... o Cuenca, pagaría, por ese mismo juguete, el 21 por 100 en concepto de IVA, es decir 12 euros, tres veces más que lo pagado en Canarias por IGIC.
Hasta aquí todo es felicidad, pero la realidad es bien distinta. Usted se va a llevar la desagradable sorpresa de que cuando el transportista le entrega el juguete le cobra una cantidad que nada tiene que ver con esos 4 euros del IGIC, y que asciende a no menos de 20 euros. Esta cantidad no es “por Hacienda”, no tiene que ver con los impuestos, sino con el “servicio” que el transportista le está cobrando por gestionar la entrega del famoso juguete de nuestro ejemplo. Soy el primero en denunciar que el precio que nos cobran por ese servicio es desproporcionado, pero es un precio libre y en un mercado de libre competencia.
Es por ello que cuando compramos a través de Internet no sabemos cuánto nos va a costar efectivamente, pues dependerá de cuál sea el transportista e intermediario (normalmente un courier) que nos cobrará por sus servicios entre 12 euros (el más comedido) y 50 euros. Insisto: no nos está cobrando «impuestos», nos está cobrando sus «servicios».
Se podrá decir que la existencia de esos costes deviene de la propia existencia de un régimen fiscal diferenciado y de los intercambios entre territorios con fiscalidad diferenciada, lo que equivale a achacar la culpa, en última instancia, a la tributación, ya que la declaración va a ser necesaria (en ocasiones ni siquiera lo es, cuando los bienes tienen un valor inferior a 22 euros, pero los courier nos lo van a cobrar igual). Aquí sí podemos decir que Hacienda no es culpable, sino que parece que estamos obligados a reencontrarnos con lo peor de nuestra historia, y una vez que nos ahorramos los costes del importador, del distribuidor y del comerciante minorista, aparece un intermediario que con sus abusivas tarifas, echa por tierra los beneficios del comercio electrónico. No todos los intermediarios, es cierto, pues también son muchos de ellos los que tratan de aquilatar al máximo el coste de sus servicios.
A mayor abundamiento, debe señalarse que, aunque la declaración sea imprescindible, la intervención de los mediadores no lo es, y la Administración tributaria ha establecido medidas para evitar la intervención de los mediadores en las declaraciones a efectuar por los particulares que realizan sus compras fuera de Canarias, ya sea a través del comercio electrónico o cualquier otro medio: Mediante una declaración simplificada de importación, a través del modelo 040, disponible en la página web http://www.gobiernodecanarias.org/tributos/; o a través del formulario web, que estará disponible en las próximas fechas, y que se formula con certificado digital a través de la página web http://www.vexcan.es/ . En las citadas declaraciones, es el propio ciudadano particular, destinatario de la mercancía, el que rellena y formula la declaración, sin intervención de nadie.
Nos queda mucha tarea por delante para facilitar el comercio electrónico, pero lo primero es señalar donde están los problemas, y evitar que quienes cobran unas tarifas abusivas por su servicio de intermediación se amparen en el argumento de «los tributos» pues, insisto, no están cobrando «tributos», están cobrando sus servicios.
El problema no es exclusivo del comercio electrónico, pues se da también el caso de que en transportes de mercancías particulares de Península a Canarias, el coste del transporte, por ejemplo, Albacete-Tenerife es más caro que el del trayecto del puerto de Santa Cruz a La Laguna. ¿tiene eso que ver con los impuestos? Más parece que estamos ante un problema de consumo; ante unas prácticas abusivas que están encareciendo no el comercio electrónico, sino el tráfico de mercancías en general.