¿Hubo un bosque de cedros en el Teide?

03/07/2013
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Investigadores del CSIC se plantean la posibilidad de que en el pasado hubiese un bosque de cedros en Las Cañadas del Teide y estudian si actualmente estos árboles se encuentran en proceso de recuperación gracias a la dispersión de sus semillas por el mirlo capiblanco.

De confirmarse este dato "estaríamos ante un caso insólito en el mundo" en el que el aumento poblacional de este árbol endémico de Canarias dependería en gran medida de la visita de un ave migratoria, que no cría en este archipiélago, afirma Manuel Nogales, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La investigación surgió a raíz de que Nogales, que es vicedirector del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC) en Tenerife, se preguntase por qué razón la población de cedros comenzó a recuperarse en las cumbres de la isla en los últimos 30 años.

Manuel Nogales señala en una entrevista que esta recuperación ha sido importante a pesar de la extinción en Las Cañadas del Teide del cuervo, el ave nativa que en la isla contribuía a dispersar las semillas de esta conífera distribuida en la zona de cumbre.

"*Cómo puede ser que se haya extinguido el dispersor principal de esta planta y que ésta se esté recuperando a este ritmo?", se preguntaba el investigador, quien cita sus principales núcleos de población en lugares como La Fortaleza, Siete Cañadas y la propia Montaña del Cedro.

Su respuesta fue: "Hay algo que seguro desconocemos", y esta inquietud la compartió con la investigadora Beatriz Rumeu, que ha desarrollado su tesis doctoral sobre esta cuestión y que constató algo que se desconocía hasta la fecha: la influencia de un ave migratoria, el mirlo capiblanco, en la recuperación de las poblaciones de este árbol.

Manuel Nogales, que también es responsable del grupo de Ecología y Evolución en Islas del IPNA-CSIC, considera que durante esta investigación se han descubierto cuestiones "muy interesantes" que pueden ser de gran utilidad para la futura gestión de estos espacios naturales de montaña.

También puede deparar "sorpresas", como la de que los cedros hayan sido mucho más abundantes en el actual Parque Nacional y que su supervivencia dependa en gran medida de un ave migratoria "que sigue viniendo" aún a pesar de la gran regresión histórica que ha sufrido este árbol como consecuencia de la acción antrópica.

El mirlo capiblanco llega a Canarias desde Europa y permanece en las islas desde el otoño hasta la primavera (unos seis meses al año aproximadamente).

Es "el gran agente dispersante" para que los cedros puedan aumentar en número y en extensión en las cumbres de Tenerife, donde el bosque de cedros que pudo existir en el pasado probablemente desapareció por la presión humana ya desde la época de los guanches, como demuestran los restos de carbones hallados en todo el parque nacional, precisa Manuel Nogales.

"Me llama la atención que pese a la drástica reducción que tuvo que registrar el cedro en Las Cañadas del Teide, los mirlos capiblancos han continuado migrando y pasando todo el invierno en las inmediaciones de estos árboles, alimentándose compulsivamente de sus gálbulas y dispersando sus semillas", explica el científico.

Actualmente hay estimada una población de unos 2.000 ejemplares de cedro en la zona, donde los investigadores creen que los mirlos capiblanco actuaron como dispersores de las semillas conjuntamente con los cuervos y los lagartos tizones, y han continuado haciéndolo tras la desaparición de las poblaciones de cuervo.

"Por lo que conocemos hasta la fecha, la acción de los lagartos no parece ser tan determinante como lo es en el caso de las aves", afirma.

"Es decir, dependemos en gran medida de la llegada de los mirlos capiblancos para que el reclutamiento de plantas jóvenes se pueda llevar a cabo. Y lo más interesante es que las rutas migratorias se fijan genéticamente con el paso de millones de años, de tal manera que ha debido de haber una subpoblación migratoria de estas aves que "sabe" que debe volar cada año hasta Canarias y no hacia los "Cedrales" que se encuentran en el Atlas (Marruecos)- al noroeste de África", puntualiza.

Ahora los investigadores creen oportuna la determinación de la extensión de estos bosques, probablemente abiertos en su estructura, y conocer de este modo si incluso pudieron llegar al centro de Las Cañadas, a los pies del estratovolcán del Teide, ya que en la actualidad las principales poblaciones se encuentran distribuidas en las zonas más escarpadas del circo de Las Cañadas.

Las investigaciones previas que han posibilitado el planteamiento de estas nuevas preguntas han sido financiadas por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales y el Ministerio de Economía y Competitividad.

Para poder resolver dichas cuestiones, los investigadores han solicitado recientemente un proyecto al Gobierno español para realizar prospecciones en profundidad de sedimentos donde el agua se acumula, como en el Llano de Ucanca, con el objetivo de estudiar las columnas estratigráficas del suelo.

De esta forma se podrían identificar los carbones y otros restos biológicos perceptibles en estas columnas, de qué familia o especie son y cuándo se produjeron incendios forestales, además de qué tipo de polen se encuentra en las muestras.

Es una forma de intentar reconstruir la composición vegetal de la zona y, para ello, los investigadores del CSIC realizarían el mencionado proyecto junto a científicos del Departamento de Ecología de la Universidad de La Laguna, liderados por José María Fernández-Palacios y con experiencia previa en este tipo de estudios.

Para ello se utilizarán técnicas bastante avanzadas y a la vanguardia de lo que se está haciendo actualmente en paleo-ecología, disciplina que se encarga de estudiar la reconstrucción de los antiguos ecosistemas.

Manuel Nogales anuncia además que todos los detalles sobre esta investigación previa serán presentados en octubre, concretamente en la reunión científica del OAPN de Parques Nacionales que se celebrará en Aigüestortes, en Cataluña.