Herminia vuelve con Fernando

«Finalmente mi madre puede descansar en paz, esto es lo que ella quería», afirmó ayer Fernando Egea Dos Santos, tras depositar sus cenizas en el nicho del cementerio de Las Palmas que ella compró hace muchos años para poder ser enterrada junto a su marido, Fernando Egea Ramírez, fusilado en agosto del 36 por los militares que se sublevaron contra la República española. Tenía 21 años cuando enviudó y ha muerto a los 94. "Nunca más se casó, estaban muy enamorados". 

Las cenizas de Herminia Dos Santos Alemán, nacida en Guía el 4 de diciembre de 1914 y fallecida el 6 de junio de este año en Kansas City (EEUU) fueron depositadas ayer en el nicho número 107 del Cementerio de Las Palmas.  «Lo compró a perpetuidad para poder ser enterrada con él», explica el hijo de ambos, neurólogo en EEUU, que este miércoles voló  desde Kansas City con las cenizas para cumplir el deseo de su madre. Nando –el disminutivo que ya usaba su padre– es quien relata la historia. 

Fernando Egea Ramírez, malagueño, estudió farmacia en Madrid y se trasladó a Agaete, porque había una plaza vacante de farmacéutico. Allí organizó el PSOE, y ejercía como delegado del Gobierno de la República en el norte de Gran Canaria cuando se produjo el golpe de Franco. Cuenta su hijo que ya en sus tiempos de estudiante en Madrid, había mostrado sus inquietudes políticas. En Agaele "se ganó muchos enemigos" cuando lideró una revuelta contra el monopolio del agua.
 

Herminia era de Guía. Se conocieron en un baile benéfico probablemente para la Cruz Roja, donde «el grupo de muchachas servía las bebidas. Él fue con un amigo. Ella iba con una bandeja llena de cervezas, y se encontró con un tipo allí parado; era él. Tengo un fajo de cartas ... ; (durante el noviazgo) se escribían casi todos los días». Él vivía en Agaete, donde tenía la farmacia, y ella, en Guía, hasta la boda por lo civil en 1935. Según su hijo, fue "seguro", la primera boda civil que se celebró en Canarias.

A Herminia la describe como «una mujer muy determinada, muy valiente», carácter que se refleja en el episodio crucial de sus vidas. Hay que situar al matrimonio en Arucas, junto al diputado Eduardo Suárez Morales, en el intento de resistir a los golpistas, en fechas cercanas al 20 de julio de 1936.

«No había comunicación con Las Palmas: había que saber qué estaba pasando». Herminia, que sabía conducir, se ofreció voluntaria para acompañar a uno de los resistentes que tenía una falúa en La Aldea, para desde allí ir por mar a la capital. «En la noche llegó al muelle de Las Palmas (San Telmo), donde un soldado le dio el alto porque había ley marcial. Dijo que venía a por medicinas, para su madre».

El soldado la dejó entrar en la ciudad, ella recabó la información y regresó a Arucas con la noticia de que «todo estaba tomado». Cuando ya no pudieron resistir más, huyeron hacia Agaete, donde cogieron una lancha para intentar embarcar en un barco portugués. La falúa falló y su tripulante los dejó en una cueva en la desembocadura del barranco del Asno, según relata Isabel Méndez Suárez en su libro "Eduardo Suárez Morales. Una memoria recobrada". Isabel es nieta del diputado Eduardo Suárez, que murió con Egea.

El patrón de la falúa prometió recogerlos al día siguiente, pero lo que vino al día siguiente fue un barco de guerra. "La señal era el sonido de una caracola, pero lo que oyeron fue un cañonazo". Después, los detuvieron.

A la teoría de que el grupo fue traicionado por el patrón de la lancha, Fernando opone un recuerdo de su infancia. Vivían en Las Canteras, en una casa terrera, y su mdre hablaba con alguien a través de la ventana.

Años más tarde supo por Herminia que el hombre con el que hablaba aquella noche por la ventana era el patrón de la lancha, al que había pedido cuentas por la la traición. «Él lo negó, dijo que cuando llegó, ya no estaban».

Herminia estaba embarazada cuando fueron detenidos. Por su estado le conmutaron la pena de muerte por cadena perpetua.

 

EL NACIMIENTO

Encarnación Alemán Suárez, conocida como mamá Chona por su familia, tuvo una intuición. Cogió el coche de hora en Guía y se plantó en el Hospital de San Martín, en Vegueta. Así le contaron a Fernando Egea Dos Santos que sucedió el día de sus nacimiento, ocurrido el 23 de febrero de 1937.

Si no llega a ser por mamá Chona, su hija Herminia habría muerto aquel día. La parturienta necesitaba una transfusión a toda costa y sólo su madre pudo proporcionársela. 
 

Herminia estaba presa en la prisión provincial de Las Palmas. Y allí pasó los dos primeros años de su vida Fernando Egea hijo, hasta que tuvo que marcharse por la edad. «Mi abuela me empezó a sacar para que me fuera acostumbrando a estar con ella, un día me llevó a la playa y dicen que me volví loco porque nunca había salido de la prisión».

lAl cabo de otros dos años, Herminia logró la libertad condicional y salió a la calle. Cuatro años antes era la feliz esposa embarazada de un farmacéutico que es además un cargo político –delegado gubernativo en el norte de la Isla–; ahora -principio de los años 40- es una ex convicta viuda, a la que han desposeído de todos su bienes. Tiene además un hijo a su cargo y carece de oficio.
 

Madre e hijo se trasladaron a la capital. Cuenta Fernando que, al principio, se mantuvo como pudo haciendo labores de costura, hasta que un amigo de su esposo le dio la oportunidad de convertirse en contable. «La empleó por muchos años hasta que nos fuimos a la Argentina».
 

Mientras vivieron en Gran Canaria, Herminia no le contó nada a su hijo de lo ocurrido. «Mi madre siempre me lo mantuvo oculto, porque tenía miedo de que yo me envolviera con la política y hubiera problemas. Hasta que nos fuimos a la Argentina en 1950 yo sólo sabía que mi padre había muerto». En otro momento Fernando dice que su madre estaba «traumatizada»..
 

Viven en unas condiciones penosas. «Ella estaba en libertad condicional, así que todos las noches venía la Guardia Civil a ver si estábamos en casa». El último hogar de Fernando y Herminia antes de emigrar estaba en el mismo solar que hoy ocupa el hotel Meliá en Las Canteras, en Sagasta, 58. Allí vivieron hasta que Fernando tuvo 13 años. Estudiaba en el colegio Viera y Clavijo.
 

«Para mudarnos a Las Canteras, tuvimos que salir a medianoche en la furgoneta de un socialista. Cruzamos por los arenales, porque no habíamos pedido permiso y nos podían ver los guardias. Después (la falta de permiso) se pudo arreglar con amistades».

Medio centenar de personas acompañaron ayer a Fernando Egea en el entierro de su madre. Estuvo parte de la familia Dos Santos, amigos, la hija de la mujer que le planchaba las camisas al farmacéutico fusilado, el presidente del Cabildo de Gran Canaria, el socialista José Miguel Pérez, historiador de profesión; y la hija y la nieta de Eduardo Suárez Morales. Mari Saro Suárez e Isabel Méndez conocieron ayer a Fernando Egea, el hijo del hombre que murió con su padre y abuelo.

Después se marcharon todos a Agaete, para asistir al homenaje que Inma Vega, sobrina nieta de Herminia y miembro de la Ejecutiva Insular del PSOE, organizó en memoria de Fernando Egea Ramírez, en la plaza que lleva su nombre.

José, el abuelo de Inma, fue el único miembro de la familia que asistió al fusilamiento, gracias a él Fernando hijo conserva el reloj que le entregó su padre al capitán del pelotón de fusilamiento. "Me contó que no quiso que le vendaran los ojos".