Hablan los excompañeros de los buzos fallecidos: "Teníamos que hacer burradas"

09/08/2014

El accidente que acabó con la vida de los buzos profesionales Aconay Barreto y Kilian Sosa ha destapado un cúmulo de presuntas irregularidades en la empresa donde trabajaban. Un excompañero, Ayoze Rivero, denuncia que las condiciones de trabajo eran pésimas, con equipos en mal estado y que tenían que «hacer burradas» bajo el agua por miedo al despido.

Este buzo de 24 años realizó el curso junto a los fallecidos y era un buen amigo de Aconay. Estuvo haciendo sustituciones durante 16 días en la empresa Granja Marina Playa de Vargas-Opulent Ocean y quiso salir a la palestra para hacer público que «nos teníamos que tirar al agua con los reguladores mal. A veces lo hacíamos con el auxiliar porque el principal no funcionaba», exclamó. «Llegué a llorar y la burrada más grande fue bucear solo, con un solo regulador y el otro roto en inmersiones de perfil de diente de sierra, subiendo y bajando cuatro veces en una misma jaula», recuerda.

A los dueños de la empresa nunca los conoció, sólo al encargado «Marcos, que era el que me dijo que las condiciones eran esas y si no me gustaba, tenía más currículums para llamar a otra gente», denuncia. «No culpo al encargado, puesto que seguro que estaría en la misma situación que nosotros con la presión que le meten los dueños», añade.

Normalmente, explicó Ayoze, Granja Marina Playa de Vargas-Opulent Ocean trabajaba con sus propias botellas y compresor. «El compresor parecía de juguete. El día antes de que no renovasen mi contrato, tuve una discusión con el encargado porque Aconay y yo teníamos la boca muy seca después de bucear», explicó. «Llevábamos cuatro días así, era muy extraño. Cuando llegamos a la empresa, miramos la toma de aire del compresor y vimos que, en vez del primer filtro, había un gorro blanco de charcutero atado con un hilo y cubierto por un plástico para que no se viese», rememora. «Cuando Aconay y yo lo vimos nos quedamos blancos. Se lo dijimos al encargado y nos contestó que trajéramos nosotros un trozo de sábana de nuestras casas. Quitamos el gorro y Aconay puso una camisa suya».

Ayoze Rivero tenía un contrato de buzo acuicultor y no estaba dado de alta en ningún barco, algo que es obligatorio: «Estaba cometiendo una irregularidad y lo sabía, pero necesitaba el dinero. En los 16 días que estuve trabajando allí, buceé solo casi siempre. Yo solo tenía que hacer las doce jaulas, es decir, doce inmersiones en un sólo día. Todo eso por 1.062 euros al mes», denuncia.

CANARIAS7 intentó recoger ayer la versión de la empresa sin éxito.