¿Hablamos de igualdad?

IBÓN S. ROSALES

Cada 8 de marzo, Día de la Mujer, es obligado reflexionar y responder a cuestiones pendientes de nuestra sociedad. ¿Se ha logrado la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Tienen ambos sexos las mismas oportunidades en la vida? Cuatro mujeres responden a estas y otras cuestiones.

Mujeres de todas las edades, clases y formas pasean durante la tarde por las zonas de gran afluencia de Las Palmas de Gran Canaria. Por la avenida de Las Canteras o en Mesa y López, acompañadas o solas, cargando bolsas o con el bolso al hombro, haciendo rodar un carrito o fumándose un cigarro. Altas, bajas, gordas y flacas. El 8 de marzo solo sirve de excusa para que la sociedad desempolve prejuicios, afronte diferencias y se plantee, al menos una vez al año, hablar de igualdad. Hoy se celebra en todo el mundo el Día de la Mujer. Cuatro féminas de diferentes orígenes y perfiles sacan la misma conclusión: la convicción de que, al menos en España, «hemos avanzado» en términos de igualdad pero todavía «queda camino por recorrer». Lila López tiene 82 años y nació en La Puntilla, en la capital grancanaria, decidió contar el calvario que resultó su vida en matrimonio. Trabajó a destajo mañana y tarde durante más de diez años en la tienda y en la casa, sin contrato ni derechos. «Creo que nos moriremos y la cosa seguirá igual. Con los machistas no hay nada que hacer», confesó abatida la anciana. Su marido, del que posteriormente se separó, la obligaba a trabajar en su tienda, en la casa y los fines de semana le exigía que cuidara de una pariente enferma. «Una vez el médico me diagnosticó agotamiento físico y mental, me dijo que tenía que descansar y que si quería un justificante para mi marido», contó temerosa. La violencia física fue constante: «Me decía: ‘¡No sé por qué no te he matado ya!’». Más de una vez tuvo que dormir «sentada en un banco porque de las palmeras bajaban las cucas» en Las Canteras. «No tenía a donde ir y con mi bebé recién nacido», contó desgarrada. Se consiguió separar y cuando su exmarido murió, dejando un patrimonio de 400 millones de las antiguas pesetas, ella se quedó con una pensión ínfima: «357 euros cobro yo. Y pensar que él vendió mi casa... Cuando pasábamos por el barranco de La Ballena me decía: ‘Mira la que era tu casa, qué bien te engañé, ¡te jodí pero bien!’», describió consternada por el amargo recuerdo. Historias como la de Lila López cumplen ya más de 50 años y en aquel momento la sociedad miraban para otro lado, los policías proponían el perdón y los curas el aguante. La prueba de que se ha avanzado está en las vivencias de mujeres como Jonna Pursianen, Sofía Radlin o Nancy Abad, auxiliar de vuelo, farmacéutica y policía local de 24, 38 y 52 años respectivamente. Ellas no han sufrido ni sufrirán como Lila. Sí encuentran desigualdad en la vida profesional y sienten el peso del que se sabe que todavía quedan batallas por afrontar... pero también se empoderan cada día más.