Gran éxito canario en Viena

Si uno es cantante de ópera, tener como fan «número uno» a Plácido Domingo debe ser uno de los mayores éxitos de su carrera. Eso le acaba de pasar a la soprano grancanaria Davinia Rodríguez, que hace una semana debutó como Lucrezia en I due Foscari, de Verdi, en el Theater an der Wien.
«Ha sido un boom. Imagina lo que significa para cualquier cantante joven en proyección actuar aquí. Es un sueño, es el principio de un gran camino», explicaba la cantante desde Viena.
Davinia Rodríguez (Moya, 1980) entró en el Conservatorio Superior de Música de Canarias a los 15 años. «Se apuntó un poco a ver qué pasaba. Hasta entonces cantaba folclore y música de verbenas... Desde la primera clase que le di, la primera que recibió en el Conservatorio, me di cuenta de lo excepcional que era y de que tenía una facilidad natural impresionante», relata el barítono Leopoldo Rojas O’Donnell.
Hoy, Rodríguez tiene una brillante carrera por delante, impulsada, además, por el éxito de esta producción vienesa en la que Plácido Domingo se ha rendido a su voz. «Cantar con él es increíble, no solo por como interpreta sino por su personalidad, por cómo crea una química especial con los compañeros. En nuestro dueto estábamos como uña y carne. Y encima me abraza y me dice: soy tu fan número uno. Ha sido fantástico», añadía la cantante.
Sin haber cumplido los 18 años, Davinia Rodríguez se fue a Madrid e ingresó en la Escuela Reina Sofía. Por aquel entonces Teresa Berganza ocupaba la plaza que la muerte de Alfredo Kraus había dejado vacía. Fue una época dura, o al menos así la recuerda Rojas: «Tuvo una crisis vocal, un momento de esos en los que piensas en tirar la toalla. Era la etapa del boom de Operación Triunfo y aún no sabía si dedicarse al pop. Había hecho su primera ópera, el Cosí [Mozart], en Santander y yo había ido a verla.  En fin, que en medio de esas crisis, me presento en su casa, en Moya, hablo con ella y la hago reaccionar».
Desde que comenzaron los ensayos de I due Foscari, la soprano grancanaria no ha dejado de recibir halagos. «Están encantados conmigo, desde James Conlon (director musical de Los Angeles Opera) a la gente del teatro, prometiéndome producciones durante los ensayos... Y yo ¿cómo? ¿Qué?...  Y pensaba: Mejor vamos a esperar al estreno porque si no me echo a volar y a ver quién me para», bromea la cantante.
Para Davinia Rodríguez este era un momento muy delicado, no solo era el debut en Viena, junto a Plácido Domingo, sino que hacía su primera incursión en un nuevo repertorio, estrenando el rol de Lucrezia. «Todo junto era una gran responsabilidad, pero estoy contenta. Desde el principio me he sentido apoyada. Ha sido constante el halago y la crítica constructiva para mejorar algún aspecto y anoche [el día del estreno] se vio el resultado. No recuerdo cuántas veces se abrió el telón. El público estaba entusiasmado. Estamos todos muy contentos y en el teatro están como locos».
En 2002, la cantante hizo el papel de Susana en La verbena de la Paloma, en el teatro Cuyás, y poco después colabora con Rojas en Italia. «Cuando la oyeron cantar se quedaron locos y la animaron a que se presentara a concursos internacionales. Hizo dos pequeños papeles aquí en el Festival de Ópera y poco después de va a Italia, donde empieza a hacer carrera», cuenta satisfecho el barítono canario.
«Tengo que decir que he tenido mucha suerte y el destino me ha dado muchos puntos», reconocía Davinia Rodríguez tras la primera función de I due Foscari en el Theater an der Wien. «Una cosa me ha llevado a la otra y me he encontrado en situaciones adecuadas y en momentos míos adecuados. La lucha y la preparación han sido tremendas. El éxito de anoche es solo la puntita del iceberg de todo el trabajo que hay detrás».
Casada con el director de orquesta Riccardo Frizza, con quien tiene una hija de «dos años y cuatro meses», Davinia Rodríguez reconoce que es su «primera crítica» y sabe que esta es una carrera en la que siempre «hay que estudiar, indagar, perfeccionar». Y en ese camino siempre ha tenido «un pilar», añade la cantante: Leopoldo Rojas. «Desde que empecé a cantar fue el primero que me empujaba, que siempre estaba ahí, al primero a quien llamaba... He preparado mis papeles con él, incluso los más importantes como el de La Traviata y ahora, la Lucrezia de este I due Foscari la he preparado en Las Palmas de Gran Canaria con Leopoldo». Dicen quienes conocen de cerca a Davinia Rodríguez que es una persona amable, siempre sonriente y amigable. Pero especialmente la recuerdan por su voz en cualquier ocasión en la que la música fuera la protagonista.
«Estoy esperando por las críticas [en la prensa]. Yo creo que si coinciden con la reacción del público serán muy buenas», decía la cantante a la mañana siguiente de su debut en Viena. No obstante, matizaba después, «siempre pienso que aunque las críticas no sean positivas son constructivas. Eso quiere decir que puedes mejorar».
Tener un hijo le cambia la vida a casi cualquiera. La soprano de Moya fue madre hace poco más de dos años y no se alejó de los escenarios hasta última hora. «Estaba a punto de parir y tenía firmados tres conciertos en Tokio. Los estaba preparando en mi casa cuando empezó con las contracciones», relata Leopoldo Rojas. Su profesor, su amigo y, especialmente, su admirador: «En ella siempre he visto el talento», afirma el barítono.
Para la soprano, Leopoldo Rojas es su «hermano, es como un padre, es un pilar muy importante en mi vida y se lo tengo que reconocer siempre, igual que a mi marido. Son personas que siempre están ahí», recalca Rodríguez desde Austria.
El año 2014 será crucial en la carrera de la cantante canaria. Está cambiando su repertorio y acomodándose y conociendo mejor su voz. «Me da respeto no tener tiempo suficiente para controlar cada aspecto de un nuevo papel. Me gusta meterme completamente en él, profundizar históricamente para interpretarlo y hacerlo mío», dice la soprano. Pero este año tendrá solo un mes y medio entre cada nueva producción de su agenda. «Eso para mí es poquísimo tiempo, pero bueno, es el precio de hacer una carrera así de importante», añade resignada.
Las palabras de aliento de Plácido Domingo le darán, sin duda, empuje en esta nueva etapa. «Dice que soy un descubrimiento. Me escuchó cantando la Carolina de Luisa Fernanda hace tiempo. Y antes de llegar –Domingo se incorporó a los ensayo en Viena después del resto del elenco– ya tenía mucha curiosidad por verme por los comentarios que le habían llegado. Mi voz ha cambiado y eso ha sido muy positivo, pero ni él se lo creía hasta que me escuchó».
A juicio de Leopoldo Rojas, el instrumento de Davinia Rodríguez siempre ha sido especial. «Empezó con una facilidad tremenda en los sobreagudos. En la segunda clase que le di ya llegó al sol sobreagudo, una barbaridad. Ahora, después del parto, la voz se le ha asentado. Tiene un timbre oscuro, un buen dominio técnico, el centro de la voz con mucha proyección y no ha perdido la facilidad en los agudos», explica el barítono y profesor de canto. Además, añade, «tiene esa figura, parece una modelo y cautiva en el escenario».
La soprano reconoce que durante su embarazo le habían comentado que le podría cambiar la voz. «Me ha cambiado por la técnica, por el estudio y por el embarazo. Me lo habían dicho y sentí afianzar ciertas cosas que se veían en mí. Me fié de lo que sentía y me agarré a ello para cambiar el repertorio y ver la capacidad de resistencia que tendría», explica.
Además, añade la soprano, «está el color de la voz, con la técnica cambia y, con el paso del tiempo, se modifica todo. Ahora sé que he tenido suerte. Canté durante todo mi embarazo y noté una libertad de emisión, encontré sonidos nuevos, me aferré a ello y me esta funcionando. Estoy muy tranquila y me siento cómoda».
Su confianza, por otro lado, se ha visto aumentada gracias al estímulo de Plácido Domingo durante estos días en Viena. «Él mismo me dijo que no tenía porqué decirme nada. Él ya tiene una carrera gigantesca y no se debe a quienes empezamos. Pero me dijo que no era solo guapa personalmente sino como artista. La verdad es que me ha regalado los oídos y eso da confianza. Que te lo diga el público  o la critica es una cosa, pero que te lo diga Plácido Domingo, con su experiencia y sabiduría musical es increíble».