Franco adoptó a los majoreros

La política económica autárquica, con fuerte intervención estatal y basada en la convicción de que la isla podía autoabastecerse, define el periodo en que Fuerteventura, en virtud de un Decreto-Ley, fue «adoptada» por el jefe del Estado entre 1950 y 1967, explica el historiador Carlos Santiago Martín.

David Monserrat
DAVID MONSERRAT

Un capítulo aún poco conocido de la historia majorera tiene que ver con la visita del general Franco el 28 de octubre de 1950. Fue una estancia corta. Desembarcó en el muelle de la capital y luego estuvo en la presa y el pueblo de Los Molinos, en la granja experimental, en el aeródromo insular y «ya una vez en Puerto Cabras, tras arengar a la guarnición local, marchó en el crucero Canarias con destino a Lanzarote». Así lo describe Carlos Santiago Martín Fernández, de la Universidad de La Laguna, en Tebeto. Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura nº 20, Puerto del Rosario (2012).

Según el historiador, «en ningún momento las crónicas sobre la visita de Franco nombran ninguna acción tendente a mejorar la situación socioeconómica insular». Aunque algunos meses antes que el dictador, el 8 de mayo de 1950, estuvo en la Maxorata José García Hernández, gobernador civil-jefe provincial del Movimiento, «acompañado por técnicos regionales y peninsulares, con la intención de realizar un recorrido de estudios por la isla». El gobernador civil, tras reunirse con las autoridades locales y comprobar in situ las graves carencias de la isla, anunció el Plan de Obras de Fuerteventura, formado por cuatro antreproyectos: de enarenados, agronómico, de embalses y de sondeos.

En virtud de un escrito que el 17 de noviembre de 1949 había sido dirigido por el gobernador civil al subsecretario de Presidencia del Gobierno español, en el que se planteaba la necesidad de ejecutar diversos proyectos para desarrollar la isla, se constituiría más tarde la Junta Técnico Administrativa de Fuerteventura, «comenzando a actuar como ponencia especial de la Junta Provincial de Ordenación Económico Social de Las Palmas en el año 1950». Rápidamente, el organismo edita su primer trabajo, bajo el título Anteproyectos y estudios sobre la isla de Fuerteventura, «que sirvió de base para la promulgación del Decreto-Ley de 11 de diciembre de 1950, por el que el jefe del Estado adopta la isla de Fuerteventura junto a El Hierro», explica Martín Fernández en el citado anuario.

Martín Fernández explica que en el primer artículo del Decreto-Ley de Adopción se dice que «la visita llevada a cabo por Franco en 1950 a las islas permitió que este observara de primera mano la pobreza de las dos islas periféricas, El Hierro y Fuerteventura, estimando como urgente solución su redención a través de la adopción de ambas por el jefe del Estado , en nombre de la nación». Según el historiador, entre los fines de la adopción se citan «llevar a cabo en 5 años cuantas obras y realizaciones se requieran en orden al establecimiento de las comunicaciones indispensables, necesidades sanitarias, de edificios públicos y viviendas para funcionarios, alumbrados y represas de aguas, fomento y ensayos de cultivos , repoblación forestal y aquellas otras que se consideran indispensables y básicas para el progreso económico-social de las islas adoptadas».

El 11 de junio de 1951 estaba redactado el Proyecto del Plan de Ordenación Económico y Social de Fuerteventura. También el de El Hierro. En carta de Gabriel Arias Salgado, secretario general para la Ordenación Económico-Social, al presidente del Gobierno, le dice que el plan «ha atendido de manera primordial y casi exclusiva, a cubrir los objetivos señalados en el Decreto-Ley de Adopción, con obras creadoras de riqueza. Con él se intenta, no solo atender a la población actual, sino crear condiciones de habitabilidad para el normal aumento de habitantes (...)».

Decepción. El Plan de Adopción generó «júbilo generalizado» en la isla. Aunque «pasaron décadas sin que se ejecutaran las principales obras contenidas en el plan y, entre la burocracia y la no aplicación real de lo establecido, la euforia inicial fue progresivamente sustituida por el pesimismo», dice Martín Fernández. El plan había fracasado, «no había producido efectos», más allá de una docena de pozos y algunas obras de índole sanitaria. «Ni el más optimista de los majoreros podía afirmar que el Plan de Adopción hubiese representado un cambio sustancial en sus precarias condiciones económicas», añade.

Con la Ley 63/1967, el periodo excepcional de adopción «toca a su fin y Fuerteventura se integra en la Comisaría del Plan de Desarrollo Económico y Social».