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Fórmulas para mentes olvidadizas

Quién no ha saludado a alguien por la calle sin ser capaz de recordar de qué lo conoce, o se ha quedado en blanco cuando le han preguntado por el título de un libro. Son despistes anecdóticos en los jóvenes que aumentan con la edad. Pero se pueden evitar. La Fundación Mapfre imparte unos cursos para quienes se niegan a olvidar.

Lunes, 20 de julio 2020, 07:41

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Yo saco la bolsa de la basura y la meto en el coche, y cuando regreso a casa, la tengo que poner de nuevo en su sitio porque se me ha olvidado tirarla». Este es el tipo de cosas que motivaron a Ángel ?que lo cuenta entre risas? a acudir al curso de la Fundación Mapfre para jubilados sobre estimulación de la memoria. A Soledad la apuntó su propia hija, «porque siempre se me olvidaban las cosas que me decía o me encargaba», explica también divertida.

Ambos están encantados de haber dado el paso, al igual que sus compañeros. «Es un curso muy activo, y además de servir de gran ayuda disfrutamos mucho, porque hay muy buen ambiente», cuenta Pino.

Todos encajan en el perfil del alumno de este tipo de cursos. Personas entre 50 y 90 años, que ven que les cuesta asociar las caras y los nombres, que olvidan números de teléfono o si echaron o no sal al guiso, y que temen estar caminando hacia el deterioro cognitivo.

Personas, en definitiva, con ganas de desbloquear sus mentes, de volver a ser quienes eran. Porque se puede. «Hacemos una prueba al principio, en el ecuador, y al final del curso, y ellos mismos comprueban los resultados; aunque ya lo hacen en su vida diaria, se notan más flexibles, más ágiles», explica Rosmary Romero, educadora social especialista en estimulación de la mente y la memoria y profesora en la Fundación Mapfre.

Y es que, aunque hay un deterioro natural que se acelera en la vejez, y a partir de los 30 años, de hecho, la capacidad de concentración va disminuyendo y somos más sensibles a las interferencias externas, por ejemplo, hay otros muchos factores que dañan la mente y que se pueden evitar. «La falta de vitaminas, de descanso, el estrés, romper con tu pareja, perder un ser querido, todo eso afecta a la memoria», explica Romero. Y como no, el sedentarismo. «Muchos llegan con depresión o angustia, porque creen que tienen un problema de demencia, y aquí se relajan y ven que solo estaban bloqueados».

estimular. En el curso no sólo se trabaja la memoria, tanto a corto como a largo plazo; también se ejercitan las distintas funciones de la mente, como la atención, la concentración, la orientación, la capacidad de asociación, la imaginación o la creatividad. Y todo, del modo más entretenido posible. «Este también es un punto de encuentro social para gente que no sale mucho de casa, un lugar para hacer amigos, y trato de que además de enriquecerse, lo pasen bien», cuenta la profesora.

También hay momentos emotivos, porque al fin y al cabo, hablamos de recordar; de hurgar en el pasado de mentes con largas vidas a sus espaldas. «Hay un ejercicio para la memoria a largo plazo que consiste en recordar diez olores específicos de la infancia, y esos olores les trasladan a situaciones que tenían en el subconsciente, pero en las que hacía años que no pensaban, y junto a ellos surgen toda una serie de recuerdos, la casa en la que vivían, los vecinos con los que jugaban, y los recuerdos de unos trasladan a otros a su propio pasado», explica Romero.

Por si fuera poco, estos hombres y mujeres salen de clase con el ego reforzado, porque resuelven ejercicios «no difíciles, pero si trabajosos», según la profesora, que les hacen sentirse bien. Tan bien, que aseguran haberlos incorporado a sus vidas. «Yo pongo a prueba hasta a mis hijos», cuenta Soledad. Son sencillos trucos, en definitiva, para evitar las malas pasadas de la memoria. Para regresar a casa sin la basura.

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