"Estábamos esperando la declaración de la OMS"

28/10/2015
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— La OMS alerta del consumo excesivo de carne roja y procesadas y lo relaciona con el cáncer.

— Ya era hora. Muchos profesionales de la salud llevábamos  tiempo esperando esta noticia.

— El cáncer es la epidemia del siglo XXI y se sabe de la incidencia de la alimentación en su prevención. Usted sobrevivió a un cáncer de ovario en estadio IV con varias metástasis en 2010 y aplicó en su vida nuevos hábitos alimentarios. ¿En qué medida cree que su curación se debe a los cambios en su alimentación y estilo de vida?

— Creo que fue todo en su conjunto.  Mis posibilidades de superar el cáncer eran muy reducidas y decidí informarme sobre qué alimentos podrían ayudar en mi recuperación. Así que hice mi quimio junto con grandes cambios en la alimentación y en el aspecto emocional. Acepté la enfermedad y decidí afrontarla.

Ahora ha remitido y tengo dos hijos y el tercero viene en camino.

— ¿Cómo fueron esos cambios? ¿Por dónde empezó?    

— Hice cambios sencillos en mi alimentación y hábitos de vida para sentirme mejor y evitar la evolución de la enfermedad. Empecé a leer bibliografía médica que relacionaba cáncer y alimentación e introduje poco a poco alimentos con sustancias fitoquímicas que tienen propiedades anticáncer y  empece a cocinar al  vapor y a fuego lento porque mantienen las propiedades de los alimentos. Por otro lado, me fije en qué y cómo comen en países como Japón e India, que tiene tasas muy bajas de cáncer, y estudié a fondo la dieta mediterránea.

— Se refiere a la dieta Mediterránea...     

— Pues sí. Porque está basada en productos frescos y de temporada, la que se preparaba toda la  vida en casa ensalada, gazpacho pescado, legumbres, verduras,  guisados, frutos secos, especies y plantas aromáticas. Hay que recuperarla porque es muy saludable. Pero hoy, el problema radica en que la estamos cambiando por una alimentación más americana que no es muy recomendable.

— ¿Que alimentos desterró?     

— Yo parto de que somos lo que comemos y si eliminamos los alimentos que nos dañan, nos sentiremos mucho mejor. Abandoné los productos refinados como el pan blanco y la pasta blanca, los ricos en azúcares refinados, como pastelería o bollería; aceites vegetales refinados, como el de girasol y de maíz, el exceso de carnes rojas y embutidos, productos en salazón, ahumados, fritos y barbacoas, precocinados y la comida fácil de microondas y la leche.

— Por qué otros los sustituyó...    

— Hice cambios sencillos en mi alimentación y hábitos de vida, en principio, para los meses que duró la quimioterapia. Elaboré una dieta basada en alimentos crudos como verdura como brocoli, acelgas y perejil, fruta –sobre todo roja como arándanos,  grosella, granada –, ensaladas, gazpachos y algo de pescado. Luego introduje legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas, setas, algas, plantas aromáticas –cayena, jengibre, cúrcuma y pimienta negra–. Pero  lo más importante es informarnos  de qué es bueno, tomar la decisión de cambiar y prolongar ese cambio de alimentación de por vida.