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En Urgencias ¡muerda!

Diez de septiembre de 2014. Ese día me cambió la vida. Nos dejó mi padre, José Florido Suárez, el pilar de mi familia. Lo hizo tras cinco angustiosos días en coma en la UMI del Hospital Insular. No hay palabras que describan el desgarro que uno siente. Falleció de un ictus criminal, el peor de los posibles, y me consta que el equipo médico que lo atendió hizo cuanto estuvo en su mano por salvarle la vida. Pero a mí y a mi familia nos queda una duda que nos atormenta y que hoy quiero trasladar a modo de denuncia para que no pase más. Mi padre llegó al servicio de Urgencias del Insular en ambulancia y derivado de un centro de salud. Llegó con una fatiga que hizo levantar las sospechas de quien lo atendió en primera instancia, en Triana. Le pusieron suero, le hicieron un electro y, como debieron ver algo raro, le remitieron al Insular. No le mandaron a que se diera un paseo. Querían que lo revisaran mejor, con un escáner. Mi madre les advirtió de que llevaba días sintiendo que se le dormían el brazo y la pierna izquierda. En la tele nos insisten en que eso es mala señal y nos instan a acudir al médico. ¿Qué hizo la médico residente que le asistió en el Insular? Le tomó la tensión y le dijo que para casa, que no tenía nada. Diez minutos después, de regreso a su domicilio, su coche chocó contra una rotonda. Le dio un ictus conduciendo. Se le paró el lado izquierdo. Y ya no salió más del hospital. A aquel ictus le siguió otro que le dejó en coma. ¿No era mi padre un código ictus de libro, una persona de 65 años, obesa, con un antecedente de infarto y con pierna y brazo durmiéndosele? ¿Estaría ahora vivo? Nunca lo sabremos. Primero, espero que esto lo lea aquella médico, para que quede en su conciencia. Y segundo, una lección. Muerda (es metafórico, claro) en Urgencias si  cree que no le atienden como deben. Puede estar en juego su vida.