Primera transhumancia del año

En busca del verde sustento

29/03/2015

Las ovejas estaban inquietas desde tempranito. Sabían que era el día. Llegó la primavera. Cristóbal Moreno tuvo que ponerse serio para meterlas en vereda y poder ordeñarlas una vez más, como cada día. La rica leche acabará convertida en un insuperable queso de flor que llevará la etiqueta Cortijo del Caidero.

Después de ejecutar la tarea diaria, a primera hora de la tarde, la comitiva arranca con más de 200 cabezas (Cristóbal tiene más de 300) en la primera transhumancia del año desde Tres Palmas, muy cerca del Cenobio de Valerón (Guía), hasta Caideros, en las medianías de Gáldar, donde el propietario tiene asimismo instalaciones preparadas para la nueva estancia del ganado y donde éste podrá aprovechar la hierba que aún se mantiene verde y en abundancia, algo que ya cerca de la costa comienza a remitir.
El día acompaña y el camino espera. Cuatro horas de subida que las ovejas aprovechan para ir ramoneando todo lo que encuentran por el camino, sea lechugas salvajes, zarzas o incluso hojas de tuneras. Los animales saben por instinto dónde está la hierba fresca y afrontan la transhumancia con verdaderas ganas. Su reloj biológico y su instinto les indican a la perfección cuándo hay que partir y a dónde. A su paso, la gente se para, se sacan fotos, los coches esperan pacientemente a que pase el ganado, algunos hasta tiran voladores. Todo es una fiesta, un espectáculo.
La cuadrilla reunida al efecto, familiares, amigos y algún invitado, se reparten entre la cabeza y la cola para tener controlados a los animales, aunque Pícaro, el veterano perro de Cristóbal, se basta y se sobra para cubrir la retaguardia, espabilando a las rezagadas y enderezando a alguna desviada.

El paseo vale la pena. Para los profanos acompañantes, la amena tertulia con los conductores del ganado se ve aderezada con el paisaje habitual en estas fechas en las medianías de Guía y Gáldar. Un verde embriagador que invade las pupilas salpicado con la floración de los matos, el malva de los mayos, el amarillo que se deja entrever en alguna retama, el aroma del incienso, el rumor de algunos abejorros y el balar de las ovejas. Naturaleza en vena.
El sol se oculta y el día empieza a oscurecer cuando aparece ante los ojos el último tramo, ya en Caideros, hasta el cortijo donde las ovejas estarán hasta principios de junio, momento en que volverán a bajar a Tres Palmas para dar buena cuenta del pasto que su propietario sembró poco antes de la salida. Allí estarán hasta finales de agosto o primeros días de septiembre, cuando se produce la transhumancia larga, esta vez hasta Ayacata (en Tejeda) con descanso de una noche en Caideros. Ya a principios de noviembre, el ganado vuelve a bajar en una transhumancia asimismo espectacular.
De momento, los animales aprovecharán la hierba que se mantiene verde y jugosa en los altos de los municipios norteños, uno de los secretos del éxito del queso de flor de Guía, la alimentación.

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