Tejeda

El túnel de Tejeda, 507 años de un milagro de la ingeniería

15/05/2008
ETIQUETAS:

Unos veinte años después de la conquista, los apenas 1.000 habitantes de Las Palmas de Gran Canaria eran conscientes del peligro de estancamiento que corría la nueva urbe. El Guiniguada, mermado en verano, no garantizaba el suministro para humanos, molinos e ingenios azucareros, las bases de su desarrollo.

Los entonces rectores del Cabildo grancanario idearon el proyecto de trasvasar agua de la cuenca occidental de Tejeda a la oriental de Las Lagunetas y San Mateo y traerla a la ciudad, para lo cual había que salvar el obstáculo de la Cumbre, que separa las dos vertientes.

La Corona aceptó la solicitud de la corporación isleña y el 26 de julio de 1501 los Reyes Católicos firmaron en Granada la Real Cédula por la que autorizaban la realización de un proyecto que habría de dar origen a la primera gran obra hidráulica del Archipiélago y la de mayor envergadura de las acometidas en la Castilla del siglo XVI.

El presupuesto fue de 250.000 maravedíes y las fórmulas de financiación consideradas fueron las de la sisa sobre productos de consumo, un reparto vecinal o la entrega de la mitad de las aguas a la persona que realizase las obras, reservándose el Cabildo Insular la otra mitad. Esta institución optó por la tercera y adjudicó las obras a Vasco López y Tomás Rodríguez, quienes las ejecutaron seguramente a pico y fuego, es decir, calentando la roca hasta resquebrajarla, metiendo luego cuñas y trabajando después con los picos.

Desde el exterior calcularon las cotas en las que perforar el túnel al mismo tiempo desde las dos vertientes y lo hicieron con tanta exactitud que la diferencia de nivel en el punto de encuentro fue de unos pocos centímetros, un auténtico milagro para la época y para los medios con que contaban los constructores.

La perforación duró unos diez años. La conciencia de que el futuro del Real de Las Palmas dependía de aquellas aguas era tal que el Cabildo donó diez horas de agua al maestro de obras Froilán Rodríguez Gallegos, que trajo la noticia de que el caudal de La Mina ya discurría por la vertiente oriental de la Cumbre.

Las horas donadas a Gallegos se llamaron durante mucho tiempo de albricias, como reflejo del júbilo general ante el éxito de la obra. Años después las adquiriría el prior Lorenzo de Vivas y pasaron a conocerse hasta hoy como Aguas de Vivas.

Una hora de agua son las doce horas del día (desde que nace el sol hasta que se pone) y otra hora, las doce de la noche (desde que se pone el sol hasta que vuelve a salir). El día tiene, pues, dos horas de agua. La mitad que correspondió al Cabildo grancanario totalizaba 60 horas, de las que habrían de descontarse las de albricias. La corporación insular las destinó a regar los cercados de Vegueta, los comprendidos entre la plazoleta de San Juan hasta El Solís y de la Portada de los Reyes hasta la zona de los Callejones.

En 1527, el Cabildo subastó su parte. El mantenimiento de las acequias, el coste de los visitadores y demás gastos consumían la mayor parte de las rentas obtenidas y las mandó a pregonar. Se hizo con ellas por 50 doblas de oro, tras una primera puja de 45, el licenciado Cristóbal Venegas, quien aceptó la condición de que se continuara con el riego de los terrenos de Vegueta y quedaran a salvo las que habrían de seguir manando por la fuente que había entonces en la plaza de Santa Ana, las del caño de la cárcel y medio real para el monasterio de Santo Domingo. Aparte quedaban las de albricias, ya adquiridas por el prior Vivas. Venegas se hizo con un caudal aproximado de dos azadas del total del agua vendida.

También en el año 1527, Juan de Aríñez compró la mitad privada correspondiente a los ejecutores de la obra. En la escritura consta que Vasco López y Tomás Rodríguez sacaron el agua, lo que deshace el error de quienes atribuyen la obra a Ariñez.

Una obra admirable.

El túnel, que tiene una longitud de 342 metros, es una obra admirable para la época en que fue realizada. Se comenzó la perforación por ambos lados de la cuenca y en principio medía 0,40 metros de ancho por 0,60 de alto. Tardó díez años en construirse y tiene 25 correcciones de rumbo.Sin la aportación de su caudal de agua, calculado en la época en 100 litros por segundo, la capital no hubiera sobrevivido.

Obra desconocida para los grancanarios.

Agustín Melián González, el actual presidente de la Heredad de Las Palmas, Dragonal, Bucio y Briviesca, entidad que tiene los mismos años que la obra, gusta de afirmar que el túnel de Tejeda, a pesar de ser la obra hidráulica más importante de España e Hispanoamérica en el siglo XVI, ha sido la gran olvidada, no sólo fuera de Gran Canaria, sino también dentro de ella. Para Melián González, «es posible que haya llegado la hora de darle al túnel de la Mina de Tejeda la difusión que merece tan magna obra, como mínimo a nivel insular, y no sería mala idea empezar por los alumnos de los colegios de la Isla, para los que las puertas de nuestra remozada sede de Vegueta están completamente abiertas».

Igualmente, el presidente pide a las instituciones tanto insulares como provinciales y regionales que tomen medidas al respecto porque, añade, «sin el túnel, la capital grancanaria podría haber estado más al sur o suroeste, por la falta de agua».