El primer correo aéreo a Canarias: la iniciativa francesa

24/10/2011
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La primera iniciativa seria para el establecimiento de comunicaciones aéreas con las Islas Canarias se remonta a 1923, año en el que los representantes de la compañía francesa Lignes Aérienes Latécoère mantuvieron contactos con los cabildos de Gran Canaria y Tenerife. Se pretendía entonces el desarrollo de una conexión desde el puesto español Cabo Juby, en el Sáhara, escala contemplada en su más larga conexión con Dakar, en Senegal. Al año siguiente, esta empresa envió a las Islas un aeroplano tipo Schreck FBA 17, un aparato un hidroavión transformado en anfibio con un tren de aterrizaje retráctil, que servía tanto para maniobrar en tierra como en el agua. El avión realizó vuelos de prueba en Fuerteventura y Gran Canaria y un vuelo de ensayo entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.


En éste último, se llevó a cabo el primer envío aéreo de una carta entre las islas. En aquel documento, al que hemos tenido acceso, el presidente del Cabildo de Gran Canaria, José de Aguilar, se dirigía a su homólogo de la vecina isla, Estanislao Brotons. De Aguilar le transmitía el deseo fraternal de acercamiento entre ambas islas que ahora se verían unidas por vía aérea, un documento de hermanamiento poco habitual, que contrastaba con una época marcada por el denominado «pleito Insular» y que desembocaría en 1927 en la división provincial. La presencia de aquel aeroplano en 1924 y la posibilidad de comunicaciones aéreas en las islas habían logrado tan singular documento.


El anfibio apareció poco antes de las 11.00 horas del día 10 de julio en el horizonte de la capital tinerfeña, donde esperaban el anunciado vuelo las principales autoridades, numerosos curiosos y miembros de la prensa.


A los mandos del aeroplano, iba Louis Delrieu, uno de los mejores pilotos de Latécoère, acompañado por Francisco Cervera, representante de la compañía y por el mecánico Lucien Guenard.


Delrieu, ante la posibilidad de chocar con alguna de las embarcaciones que había en el puerto, decidió intentar el amaraje desde el exterior, pero al aproximarse al agua una ola golpeó el aparato y éste, tras dar un bote, inclinó el morro hacia abajo y clavó la proa en el agua.


Sus ocupantes fueron rápidamente rescatados sin que se lamentasen más daños personales que un fuerte golpe recibido por Guenard en una mano. Asimismo, la carta fue recuperada y entregada posteriormente a su destinatario. A pesar de esta iniciativa francesa, el conflicto de intereses que entonces existía entre Latécoère y el gobierno de la Dictadura del general Primo de Rivera, más partidario de apoyar a los alemanes, echó por tierra esta iniciativa francesa.

Correo internacional. Los aviones franceses volvieron a reaparecer sobre Canarias con un nuevo vuelo experimental, protagonizando, esta vez, el primer envío postal a las islas. El Gobierno galo, siguiendo con su interés por las comunicaciones con sus numerosos territorios en África, organizó en 1926 con el Ministerio de Marina un vuelo entre Francia y Madagascar. El viaje se efectuaría con dos prototipos de hidroavión, el Lioré et Olivier LeO H-194 y el CAMS 37 GR, pilotados respectivamente por los tenientes de navío Bernard y Guilbaud, acompañado el primero por el mecánico Gara y el segundo por el también mecánico Bougault. El vuelo se inició el 12 de octubre y en su tercera etapa hizo escala en Las Palmas, en el que fue el segundo recorrido más largo del viaje, con 1.100 km entre Casablanca y la capital grancanaria.


Hacia las 15.00 horas del día 15, Bernard buscaba la imagen del Teide en el horizonte, pero no la pudo vislumbrar debido a la gran nubosidad sobre Tenerife.


Media hora después, la pareja de hidros descendía sobre Las Palmas amerizando en el Puerto de la Luz. Los aparatos maniobraron al encuentro de su buque de apoyo, llegado algunas horas antes. En el Muelle de Santa Catalina, las autoridades y numeroso público les dio una clamorosa bienvenida. Más tarde, la Alianza Francesa ofreció a los aviadores un brindis que, rompiendo el tópico, no se efectuó con champán, sino con vino, mientras el cónsul les invitaba a un espléndido banquete. Sin embrago, lo más destacado de este vuelo fue la llegada del primer envío postal aéreo destinado a las Islas. Se ha comentado que Ramón Franco, en su travesía del Atlántico Sur, realizada a comienzos de año en el hidro Plus Ultra, pudo llevar alguna carta del personal de Correos de Las Palmas a sus homólogos sudamericanos, pero no existe constancia de este envío, por lo que hay que considerar este vuelo francés como el del primer correo aéreo internacional confirmado de Canarias.


Al salir de Francia, se habrían entregado, entre otras, catorce postales para la capital grancanaria. A éstas, se les sumaron otras recogidas en puntos como Casablanca con este mismo destino. Al margen del correo de llegada, hubo correspondencia que, dos días después, saldría de Las Palmas a otros lugares, como Port-Etienne, en Mauritania. Asimismo existieron unas cartas especiales en este viaje, que se entregaban en la oficina postal local de cada escala, para que fuesen mataselladas y reenviadas al siguiente punto de la ruta. Esta correspondencia, que incluía el matasellos de Las Palmas, hizo todo el viaje hasta Madagascar, convirtiéndose en un hecho sin precedentes en la historia de la filatelia.


Así, el día 17, los hidroaviones pusieron rumbo a Port-Etienne y Saint-Louis de Senegal. Luego, se internaron en África efectuando escalas en los ríos Senegal y Níger.


En Locodja, Nigeria, la suerte que les había acompañado se truncó. El CAMS sufrió una importante avería que suponía cambiar todo el motor y una larga espera mientras llegaba uno nuevo desde Francia. Guilbaud pidió entonces a Bernard que continuase el vuelo cediéndole también a su mecánico, Bougault.


El LeO H-194 continuó en solitario a través del Níger, el Congo y los lagos Tanganika y Niasa hasta alcanzar la costa del Índico. Finalmente, el 4 de diciembre, Bernard y Bougault alcanzaban Antananarivo, capital de Madagascar. Las cartas con el matasellos de Las Palmas habían recorrido desde la capital grancanaria más de 12.000 km, un record de distancia en el correo aéreo insular que tardaría varios años en batirse.